- jueves 27 de agosto de 2026 - 10:20 AM
Sartén diciéndole a paila
Resultan contradictorias las declaraciones del ministro de Desarrollo Agropecuario, Roberto Linares, al señalar ante la Asamblea Nacional que el 60% de los funcionarios de la institución que dirige están jubilados. La afirmación genera cierta incongruencia, considerando que el propio ministro Linares aceptó el cargo pese a encontrarse también jubilado.
El gabinete del presidente José Raúl Mulino tampoco representa, precisamente, una fuente que irradie juventud. Buena parte de sus integrantes pertenece a una generación que acumula varias décadas de trayectoria profesional y que, por razones de edad, podría encontrarse igualmente en condición de jubilación.
Allí encontramos al ministro de Salud, Fernando Boyd Galindo, con 72 años; al de Educación, Ventura Vega, con 71 años; al de Vivienda, Jaime Jované, con alrededor de 71 años; al de Obras Públicas, José Luis Andrade, con 69 años; al de Ambiente, Juan Carlos Navarro, con 64 años; al de Seguridad, Frank Ábrego, con 63 años; y al canciller Javier Martínez-Acha, con 62 años, entre otros. No hay nada reprochable en ello.
La edad, por sí sola, no determina la capacidad de una persona para desempeñar una responsabilidad pública. El problema surge cuando desde esa misma condición se pretende utilizar la jubilación como argumento para cuestionar la permanencia, productividad o capacidad de otros funcionarios.En ese contexto, resulta difícil comprender el estándar empleado por Linares.
Pareciera que las condiciones físicas y cognitivas de una persona varían dependiendo del cargo, la jerarquía o la cercanía que mantenga con el poder.Ser un viejo “chocho” o un funcionario experimentado dependería entonces de quién ocupe la silla. Para unos, la edad representa experiencia, conocimiento y capacidad; para otros, aparentemente, constituye una limitación que justificaría su salida.Que un ministro esté jubilado no debería impedirle aportar su experiencia al Estado.
Tampoco debería hacerlo con ningún funcionario que conserve las capacidades necesarias para cumplir sus responsabilidades.Pero cuestionar en otros una condición que también se posee no solamente resulta contradictorio. Es, sencillamente, aquello que popularmente conocemos como: “sartén diciéndole a paila”.
Periodista