- domingo 18 de marzo de 2012 - 12:00 AM
La renuncia, el golpe, los tranques y el acuerdo
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Solo dos fuerzas han podido obligar al ministro José Raúl Mulino a recular con su ‘renuncia irrevocable’: las amenazas de Martinelli o la solicitud de los gringos. Ni el Consejo de Gabinete ni los pocos amigos que le quedan en el Club Unión ni sus viejos amigos de Unión Patriótica, hoy más amigo del presidente Martinelli, le llevarían a hacer este ridículo nacional e internacional.
EL GOLPE
Solo los policías pueden dar un golpe de Estado en Panamá, con la fuerza de la disciplina y de las armas. El que armó y puso de comandante de la Policía a Gustavo Pérez fue el presidente Martinelli, por lo tanto, el golpe lo daría Martinelli con su Estado Mayor dirigido por Pérez.
Si ese golpe, denunciado por Mulino después de la ‘renuncia irrevocable’, fuera verdad, ¿por qué Martinelli tiene en sus puestos a Pérez y al comisionado Serracín? Pero vivimos de mentiras, de medias verdades y mentiras disfrazadas de verdades.
LOS TRANQUES
Iracundos he escuchado a varios comentaristas radiales, haciéndose eco de la campaña subliminal del Gobierno y de la empresa privada de atacar los cierres de calles, por los problemas que causa no solo a la economía, sino a la marcha del país.
La culpa de esos cierres de calles o de tranques no solo es de los indígenas ngäbes y buglés, sino de comunidades sin agua, de los diablos rojos, de los taxistas, de la inseguridad y un largo desfiles de protestatarios en los últimos dos meses.
Pero se olvidan los quejosos, con toda razón, ciudadanos y empresa privada, que los tranques han sido en el pasado y en el presente la única arma de la ciudadanía para que el Gobierno ponga atención a sus demandas. De no hacerlo, luego de largos años y meses de ir y venir a los despachos públicos, su denuncia será archivada como otras tantas que terminan en el aburrimiento de los quejosos o en la frustración e impotencia ciudadana. Por otra parte, el único culpable de los cierre de calles y de los tranques es el Gobierno, por no solucionar las quejas o las demandas populares. ¿Por qué la empresa privada no denuncia al Gobierno por su falta de sensibilidad ante las protestas de los ciudadanos, mil veces justificadas? No le hagamos el juego a la mentira disfrazada de verdad.
EL ACUERDO
Se ha avanzado y la lucha debe continuar para una mejor convivencia entre los indígenas, que representan el 10% de la población, y el resto de los criollos. Ellos son más panameños que nosotros. El acuerdo representa un gran avance. Una buena negociación. Los de la comarca Ngäbe-Buglé nos han dado una gran lección política a todos los panameños, que tanto criticamos y que nada hacemos, por cobardía y oportunismo.
EL AUTOR FUE EMBAJADOR DE PANAMÁ EN BRASIL Y NICARAGUA.