• sábado 02 de mayo de 2020 - 3:00 PM

Reflexiones sobre el momento actual

Cuando el presidente dijo que todo aquel que tenga capacidad de pagar que lo haga, le di la razón

La pandemia tiene a tres factores enfrentados, la comida, la salud y la economía. Un pueblo que no come es un pueblo que sufre; tarde o temprano se levanta. Un pueblo que no cuida la salud poco a poco va cayendo hasta colapsar los servicios hospitalarios y los cementerios. Un pueblo que no tiene recursos económicos no puede comprar comida, ni medicinas. Los tres factores están entrelazados; son como indisolubles. ¿Qué hacer como gobernante, para buscar un equilibrio entre los tres factores sin que se note que le damos más importancia a uno en detrimento de los otros?

De los tres, ¿cuál sería el más importante? No hay duda de que la salud y la comida se pelean el primer lugar, pero la economía es también básica, para gozar de los primeros. Ahora mismo nos encontramos enfrascados en una Ley de Moratoria. El presidente Cortizo es criticado, con mucha fuerza, por no haberla sancionado. Se le acusa de estar de lado del sector más fuerte de la sociedad, el poder económico. ¿Qué pasa si de un tajo le quitamos la responsabilidad a los clientes de pagar los intereses por tres, cuatro o más meses? ¿Qué pasa si declaramos una suspensión de pago en ciertas actividades, para que luego el usuario las pague, de manera prorrateada en 18 o 24 meses?

Cuando el presidente dijo que todo aquel que tenga capacidad de pagar que lo haga, le di la razón. De darse la moratoria, les aseguro, sin duda alguna, que miles de ciudadanos, con capacidad no pagarán. Con esa acción irresponsable postergaremos la responsabilidad y afectaremos la buena marcha de muchas empresas. Esta posición la he planteado desde el día uno. Ahora, también insto a las empresas a ser recursivas para motivar a sus clientes. Por ejemplo, aplaudo la decisión de Altos de Vistamares de condonar el 15 por ciento a los socios que paguen su cuota de mantenimiento por un año. Esa actitud es estimulante y demuestra que la empresa se pone a tono con la situación.

En el caso de los bancos, ese déficit tendrá, por fuerza, que ser trasladado a los ahorristas. Los bancos no tienen las grandes reservas, para enfrentar crisis como esta. Cuando la banca cerró a principios de 1988 lo hizo con la autorización del organismo rector, para proteger el sistema, de lo contrario colapsaría. Recuerdo que la Caja de Ahorros, para que no sacara mis depósitos, llegó a pagarme el 10 por ciento en un pequeño plazo fijo que tenía. Esa decisión no era más que un gancho para evitar un descalabro financiero. Ahora saldrán los extremistas a gritar… ¡qué los bancos pueden; que siempre le han robado al pueblo! ¡Qué es la hora de volcar sus grandes ganancias, para beneficio del pueblo, etc.! Señores el tema es complicado.

Veamos este ejemplo pequeño: Una familia tiene a una colaboradora, para los oficios domésticos, una niñera y un jardinero. De repente los dos pilares del hogar se quedaron sin trabajo. ¿Qué es lo que pasará? Al principio pueden sostener a la empleada, mas no a la niñera. Después deberán prescindir del jardinero. Al cabo de varios meses hasta a la empleada tuvieron que despedirla; esa pareja se consumió los ahorros. El drama es complejo como compleja son las respuestas. La república de Panamá atraviesa por condiciones peligrosas a pesar de que la mayoría de la población piensa que este país es rico y el gobierno tiene dineros a montón.

Observemos lo siguiente… Panamá no tiene billetes como moneda, por lo tanto, no poseemos esas máquinas mágicas de fabricar dólares. Tenemos que recurrir a la creatividad para obtener los dólares, los cuales servirán para las transacciones nacionales e internacionales. Aquí resalto un fenómeno delicado. Una generación de irresponsables decidió vender una gran cantidad de compañías y empresas que generaban dólares para el país. Ahora, estos billetes, en su gran mayoría, se van para las casas matrices de esas corporaciones. El caso más reciente lo tenemos en Cableonda que vendió la mayoría de las acciones a una trasnacional llamada Millicom, con sede en Europa. Las grandes ganancias de ese activo no se quedarán en Panamá. A lo anterior súmele los millones en remesas que salen del territorio. Y cuando vemos este panorama, pensamos en nuestro bendito canal. Señores, el presupuesto ronda los 25 mil millones de dólares y el canal aporta unos 1,700 millones. ¿De dónde obtendrá el gobierno el resto, para enfrentar los compromisos? Como optimista estimo que el gobierno solo recaudará un 60 por ciento de lo que se presupuestó; en pocas palabras solo recibirá 15 mil millones de los 25 mil presupuestados. ¿Cómo obtendrá los 10 mil restantes, para responder a los compromisos del presupuesto?

Cuando el presidente Cortizo, unos días después de la pandemia, se lanzó a la colocación de bonos por dos mil 500 millones de balboas, muchos lo criticaron. No estuve en ese grupo; en ese momento lo entendí a la perfección. Había que buscar dinero fresco, para estar preparado toda vez que las actividades generadoras de billetes se suspenderían, como en efecto pasó. Pregunto, ¿cómo le hará frente el gobierno a la caída de las recaudaciones, con tantos compromisos pendientes? En este aspecto le sugiero achicar el aparato burocrático. El mandatario debe ser consciente de los exabruptos cometidos en este renglón. Primero, la masacre contra los pobres empleados públicos días después que inició el gobierno, fenómeno que no ha cesado. Llegaron como tigres hambrientos botando sin misericordia. Se deshicieron de mano de obra calificada, para nombrar a muchos inexpertos cuyo único mérito es la militancia política. En este aspecto gritarán los oficialistas nuevos… ¡pero eso pasa en todos los gobiernos! Ese argumento lo rechazo y lo critico con fuerza; esa carnicería humana de cada cinco años hay que acabarla. Se hizo en todos los ministerios e instituciones autónomas y semiautónomas. Se repitió en la Defensoría del Pueblo; se tomaron la Universidad Marítima y ahora lo hacen sin compasión en la Fiscalía General de Cuentas. ¡Basta ya de esto!

Tarde o temprano se tendrá que decidir por un sacrificio mayor y permanente de aquellos que más ganan en el gobierno. Tarde o temprano se tendrán que tocar los viáticos de muchos funcionarios. Tarde o temprano se tendrá que aplicar una política de austeridad verdadera, para sanear las finanzas. El tema trillado de “que el gobierno me dejó con deudas”, es asunto recurrente. Eso no se puede evitar porque los gobiernos hacen presupuestos en base a las recaudaciones, pero si en el camino no se obtienen los ingresos, van a quedar compromisos pendientes, para la otra administración. A Nito le pasará lo mismo, de eso no tengo duda alguna.

Señores, hay que tomar con seriedad lo que está pasando. Antes de la pandemia dije que este gobierno nos dejará con una deuda superior a los 40 mil millones. Hoy reconozco que me quedo corto con el pronóstico. Lo digo consciente de que el Estado tiene que endeudarse, no le queda de otra. Y cada año que pasa suben las exigencias; se contrata a más personas; hay que atender los aumentos de miles de funcionarios establecidos por ley y de repente a alguien con poder legislativo se le ocurren más leyes de subsidios, aumentando el tan dañino paternalismo.

El gobierno, en estos momentos no está urgido de dinero, lo que necesita con mucha fuerza es ganar confianza y credibilidad. El presidente Cortizo tiene en sus manos la obtención de esos dos factores. El pueblo espera a esa persona que se vendió con carácter, entereza, con ganas de hacer las cosas bien y de combatir la corrupción. Es lamentable, y lo digo con desencanto y decepción, que esos mensajes positivos no los estoy recibiendo de Laurentino Cortizo Cohen. Espero que con este gobierno pase al revés de lo ocurrido con los otros… que el año de Hidalgo sea al principio de la administración y que los cuatros restantes sean para demostrar que se van a manejar con decoro, ética, responsabilidad, moralidad y honestidad. Ruego para que así sea.