Por: Luis Alberto González González
Mgtr. Periodismo Digital
El pasado 15 de abril, el Ministerio de Salud (MINSA) emitió una Circular de la Dirección General de Salud Pública en la cual se prohíbe “terminantemente” la solicitud de certificados de salud mental como requisito para el acceso a un empleo, a la educación o cualquier trámite administrativo.
La prohibición se fundamenta legalmente en el cumplimiento de la Ley No. 364 del 6 de febrero de 2023, Que desarrolla el derecho humano a la salud mental, así como del Decreto Ejecutivo No. 061 del 27 de junio de 2024 que la reglamenta.
Aplaudo al MINSA por hacer que se reconozca este derecho humano. Además, dicho requisito o prueba, improcedente respecto a la aspiración de un empleo (salvo casos especiales) o trámite común, simplemente se traducía en un gasto de 20 a 30 dólares a quienes llevan papeles para trabajar o educarse, muchos de ellos jóvenes y adultos desocupados en medio del día a día siempre difícil.
No obstante, es oportuno analizar si el certificado de salud general no es también discriminatorio y un gasto repetitivo cuando sobresale como requisito en las vacantes de trabajo, concursos o bancos de datos públicos y privados (superiores al de la NASA), sin garantías siquiera de entrevista y menos de contratación. ¿Acaso una persona con enfermedad pasajera, incluso si padece hipertensión, diabetes... no es digna para trabajar?
Vale recordar que el trabajo es también un derecho consagrado en nuestra Constitución, Artículo 64, un derecho humano. Es importante reiterarlo porque, así como los certificados de salud mental y el general, en los últimos años en los anuncios de vacantes se ha hecho costumbre incluir como requisitos: todo. Por ejemplo, no solo la licencia de conducir, sino también que la persona tenga auto propio (hasta para puestos de abogados y otros), sin que en los salarios los gastos conexos sean parte del trato. Y ni hablar de aquellos anuncios en los que el o la aspirante debe realizar múltiples trabajos, hablar más inglés que español, repicar la campana y dar la misa, por la misma paga.
En este país chico, lleno de riquezas, donde el desempleo sube como el costo de la vida, donde las cotizaciones de la CSS son pobres, insuficientes, donde cada esquina tiene manos pidiendo limosnas, urge sentarse, analizar y corregir el rumbo hacia donde se debe ir... por el bien de las mayorías. Es tiempo de actuar.