- miércoles 28 de septiembre de 2011 - 12:00 AM
El pueblo panameño decente repudia a la Policía
Cuando los pueblos pierden la confianza en las instituciones policiales, pueden ocurrir situaciones de graves consecuencias. Los ciudadanos, al sentirse huérfanos de protección, pueden retornar a la barbarie de hace siglos, cuando la sociedad se hallaba en estado embrionario y para la defensa de sus intereses, tomaban la justicia por sus propias manos. Algo parecido está ocurriendo en algunos países latinoamericanos. ¡No queremos llegar a esos extremos!
La pérdida de confianza en la Fuerza Pública se debe a incidentes que han sucedido recientemente, cuando unidades de diversos rangos se dedican a utilizar la violencia contra el pueblo, que es el que paga sus salarios para que lo protejan y no lo maltraten.
Aparentemente, la frustración que sienten algunos policías al no poder controlar la delincuencia, que sigue aumentando y rebasa las expectativas de los ciudadanos en cuanto a seguridad, los llevan a desahogar sus fracasos cometiendo arbitrariedades.
Es común observar de día y de noche varios retenes policiales, lo cual es bueno, pero a veces, lamentablemente, los uniformados se ensañan con jóvenes decentes y de manera salvaje les propinan sangrientas golpizas, casi siempre impulsados por un sadismo y un capricho que está prohibido por las leyes que norman las acciones de la Fuerza Pública.
Mientras tanto, la delincuencia continúa haciendo de las suyas. Esto indica que no merecen los aumentos salariales con los que fueron beneficiados. En la última semana maltrataron a un cantante de regué y hace pocos días agradecieron de manera cruel y brutal a un médico. Denunciamos estos casos por citar dos ejemplos solamente. Ahora, la modalidad es esposar a la víctima y después golpearlo entre varios agentes. Proceder así es propio de los jenízaros de los estados policiacos y no de una democracia como la que supuestamente existe en Panamá.
En muchos operativos se han descubierto a unidades de pésima conducta cometiendo fechorías, afortunadamente han sido separados de la institución y se encuentran a buen recaudo. Recordamos el caso de los sargentos que cometieron el robo a la Agencia de Seguro Social en David, otros miembros de la Policía involucrados en secuestros y hasta se ha sorprendido a malos agentes asociados con traficantes de drogas.
Señor director de la Policía Nacional, hay que depurar la institución a su cargo porque está perdiendo la confianza ciudadana de que gozó en sus inicios. El pueblo tenía la esperanza de que la nueva policía cumpliría con su misión.
EL AUTOR ES PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO