• viernes 17 de abril de 2026 - 12:00 AM

Primero hay que existir...

Desde la instauración de la democracia en Panamá, solo existe un tipo de presidente: el que sufre para cumplir su objetivo. Podría decirse, que el principal atributo sería la determinación, no obstante, cada mandatario ha cumplido una cuota de martirio, ante un electorado que valora el sufrimiento antes de dar su bendición.

Guillermo Endara padeció torturas y fraude electoral antes de ser presidente; Ernesto Peréz Balladares fue vetado desde los cuarteles en 1984, cuando Manuel Antonio Noriega prefirió a Nicolás Ardito Barletta para encabezar la nómina presidencial del PRD.

Mireya Moscoso, luego de perder las elecciones de 1994, logra imponerse en los comicios de 1999; mismo año en que Martín Torrijos perdía dichas elecciones, para luego ganar la presidencia en 2004. Precisamente, en ese año, Ricardo Martinelli incursionaría en la contienda política, alcanzando el 5% de los votos.

En su segundo intento gana la presidencia en 2009 de la mano del panameñista Juan Carlos Varela, quien declinó aceptando la vicepresidencia. En 2014, empujado por el fragor político impuesto por Martinelli durante su gestión, Varela logra sucederlo en una contienda que marcó el inicio de una secuela de intrigas y ataques personales.

Aprovechando la visceral disputa política entre Martinelli y Varela, el perredista Laurentino Cortizo, quien fuera compañero de nómina de Torrijos en la derrota de 1999, alcanza la presidencia en 2019. Posteriormente, con el endoso de Martinelli, elecciones primarias perdidas y una temporada en prisión, le alcanzó a José Raúl Mulino para imponerse en 2024.

En el camino han quedado figuras con relevancia política que han sabido sufrir, sin perder vigencia. Ricardo Lombana con dos elecciones al hombro y Juan Carlos Navarro quien ya compitió y supo perder en 2014, entre alguno que otro más.

En su obra, Más allá del bien y del mal, publicada en 1886, Friedrich Nietzsche, cita la frase: “Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti”.

En el camino han quedado figuras con relevancia política que han sabido sufrir, sin perder vigencia.