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Agrega El Siglo en Google ↗️Esta interrogante va dirigida a la palabra prevención por supuesto, pues su impacto es fuerte y debe seguir siéndolo para enfrentar desafíos de toda índole. En este caso, aplicado a la delincuencia en Panamá. La prevención, derivada del latín “praevenire” significa anticipar o impedir, es decir, adoptar medidas para evitar un riesgo o daño. Y aunque, ante una palabra como castigo, prevención pueda resultar débil, aplicar con estrategia efectiva superaría en creces el salvamento de vidas, con la consecuente disminución de carga económica y bienestar global.
La reflexión viene a propósito del incremento de adolescentes que ingresan a centros de custodia y cumplimiento, luego de cometer actos delictivos. Según ha trascendido, en medios de comunicación social, el Instituto de Estudios Interdisciplinarios (IEI), adscrito al Ministerio de Gobierno, informa que este año han ingresado más de 100 jóvenes en estas condiciones. Más allá de la preocupación se mantiene abierto el debate sobre qué hacer ante esta situación, pues son vidas marcadas por casos de violación, homicidio, robo agravado, posesión ilícita de armas y drogas, entre otros. Actuar con “manos de seda” no es opción. Sin embargo, urge bajar niveles delincuenciales en el país.
Y es que, detrás de cada joven, con esta condición, hay escenarios familiares complejos. No obstante, la revisión profunda de medidas de resocialización es de rigor sin escatimar en acciones preventivas que nos alcancen a todos. Estar privado de libertad representa limitación al crecimiento personal y de formación de cualquier ser humano, que deja cicatrices profundas.
Prevenir es la clave. No es retórica. Asumamos responsabilidades desde pequeños como hijos, padres, compañeros e integrantes de una sociedad a la que nos debemos. El saber que lo incorrecto debe enmendarse marca un principio, aunque el entorno resulte desalentador, pues el valor de nuestra vida y la de los nuestros no tiene precio y es amor de verdad.