Uso el término “potables” para referirme a ciudadanos, aunque no puros, con su accionar, no producen “daños” a la sociedad. El agua potable no es pura, pero no causa daño al organismo que la ingiere y es necesaria. Igual los que llamo potables no dañan la sociedad.
Los egos, consustanciales con la naturaleza humana, hacen que cada quién crea que tiene la verdad y que su verdad debe ser adoptada por todos o por la mayoría. Al no ser exitosos en comunicarse se mantienen como francotirador político-social sin mayores éxitos.
En el tema político de rescatar Panamá, gente potable ha comunicado visiones bastante similares, pero estos “potables” no se aproximan para conformar movimiento que pueda impulsar la búsqueda del bien común. Si acaso se unen unos cuantos formando capillitas. Pero para impulsar el rescate de Panamá se requiere de un movimiento con buen músculo para definir, primero, un mínimo común denominador, para acordar los objetivos y, a renglón seguido, las acciones para lograr esos objetivos.
En el otro lado de la vereda política de Panamá se encuentran los que no son potables, que tienen una diferencia medular con los potables. Los no potables sí se unen para tomarse las estructuras ficticias del Estado en beneficio propio. Los no potables van por la vida con el malsano juegavivo y, aunque tienen egos que podrían rivalizar con otros juegavivos, los domestican para lograr el máximo de beneficio propio a como dé lugar.
Los egos de los más íntegros, aptos e ilustrados, es decir, los egos de los potables, no logran domesticarlos y dejan espacio a los politiqueros tradicionales que han dominado el Estado panameño durante los últimos 58 años, que se cumplirán el próximo 11 de octubre.
El escenario político está complicado porque los egos de los potables los mantienen desunidos y un gobierno pillo usa muy bien el divide y reinarás.Obligante para los potables bañarse de humildad y domesticar sus egos.¡Constituyente Ya! No la del cuento del gobierno...