• sábado 26 de noviembre de 2011 - 12:00 AM

El polémico decreto ‘zanahoria’

De niño creía que la zanahoria era la comida favorita de ‘Bugs Boney’, y en la escuela aprendí que era un alimento bueno para la vista. ...

De niño creía que la zanahoria era la comida favorita de ‘Bugs Boney’, y en la escuela aprendí que era un alimento bueno para la vista. Hoy me entero de que para nuestras autoridades municipales, el noble vegetal posee la especial cualidad de poner orden a los excesos de la vida nocturna, pues en virtud del ‘decreto zanahoria’, se prohíbe a todos los comercios y centros nocturnos de la capital funcionar más allá de las tres de la madrugada, esto, en medio de las protestas hechas públicas por sus propietarios.

No veo con claridad si la medida responde a quejas vecinales por los escándalos nocturnos, o si busca bajar los índices de inseguridad en las calles. Estamos ante uno de esos dilemas sociales, pues sabiendo que en los sitios públicos en los que se vende y consume licor pulula el vicio, la prostitución y las drogas, se decide ‘regularla’, cuando debieran pensarse si se proscribe esa actividad de una vez por todas. Con la medida no se logrará la disminución de la ingesta de licor, pues si no se fija hora de apertura, la vida nocturna ‘comenzará más temprano’, y ‘santo remedio’.

En ausencia de una política ‘científica’ de seguridad ciudadana, cada departamento público ‘jala por su lado’, buscando un poco de notoriedad noticiosa, que una aproximación a la solución del problema. El ‘decreto zanahoria’ y el ‘Pele police’, junto a las batidas, los toques de queda, entre otras, han de constituirse como parte del repertorio de medidas policiacas aplicadas con rigor por la autoridad administrativa en aquellas áreas en las que la incidencia delictiva alcanza niveles impresionantes.

Es alarmante la cantidad de locales de expendio de licor en zonas periféricas marginales, cuyos permisos de operación fueron expedidos, precisamente, por las autoridades administrativas, como parte de una programación preocupada únicamente por la captación de tributos, muchos de los cuales no cumplen las más elementales exigencias de la ley. El ‘decreto zanahoria’ no se implementará con una sensitiva campaña cívica que informe sobre los desastres que causa a la salud el consumo de licor, ni con un operativo que busque ‘sacar’ del país a los indocumentados, pues a alguien en Migración se le ocurrió la feliz idea de legalizar, por cuestiones de seguridad, a la mayoría de los indocumentados. El síntoma visible de las limitaciones económicas del panameño es que la vida nocturna se la han tomado los jóvenes, y los adultos nos hacemos virtuosos por necesidad, pues ahora, los tragos se toman en casa, a causa de la limpieza.

EL AUTOR ES ABOGADO