La operación militar que produjo la captura del dictador Nicolas Maduro y de su esposa, mantiene en ascuas al mundo entero por sus implicaciones globales. El presidente panameño José Raúl Mulino ha sido enfático en que se debe respetar el resultado electoral a favor de Edmundo González Urrutia, bajo el liderazgo político de María Corina Machado.
En Panamá muchos intentan generar una analogía relacionada con la invasión estadounidense de 1989, tratando de generar paralelismos. No obstante, ninguna situación es igual a otra, ya que, en el caso panameño los gringos tenían el control total del Canal de Panamá, manteniendo acantonadas, por casi un siglo, a las tropas del Comando Sur en bases militares con puertos y aeropuertos propios dentro de la franja canalera.
En tanto, en Venezuela la presencia militar norteamericana se limita a portaviones y buques de guerra en aguas colindantes dentro del Mar Caribe, como forma de amenaza hacía el régimen que aun mantiene el control del país, de la mano del gobierno de los Estado Unidos. Igualmente, Venezuela es un país extenso y sus recursos se encuentran distribuidos a lo largo y ancho de su territorio, a diferencia de Panamá donde el Canal se concentra en una estrecha franja.
Sin embargo, sí existe cierto paralelismo con el golpe de Estado de 1968 en Panamá, donde informes de la CIA advertían que el presidente Arnulfo Arias Madrid no contaba con el respaldo suficiente para garantizar el orden público ni la estabilidad política. El presidente Donald Trump se refirió de esta misma forma a González Urrutia y a Machado, a pesar de haber obtenido, igualmente, un triunfo abrumador en las últimas elecciones venezolanas, cuyas actas reposan en las bóvedas del Banco Nacional de Panamá.
Según los gringos, no es que Edmundo y Machado no tengan derecho legítimo, sino que es más conveniente para sus intereses mantener el orden, tal como lo hicieron con Omar Torrijos en Panamá, derivando una dictadura militar, avalada por ellos, que duró 21 años.Periodista