- sábado 25 de julio de 2026 - 12:00 AM
Para la sorpresa de nadie Mulino anuncia “su constituyente” (I)
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Agrega El Siglo en Google ↗️El pasado 17 de julio en el artículo que semanalmente publico en La Decana, bajo el título: “El gobierno está decidido a reabrir la mina; si no es así que lo desmienta públicamente”, en su penúltimo párrafo escribí lo siguiente: “No hay que ser un clarividente de la ciencia política para prever que la cantinela de la “asamblea constituyente” es la “carta comodín” que se reservó el gobierno y a la que recurrirá cuando sienta que su disminuido piso político ya no lo sostiene”.
El progresivo deterioro del gobierno, palmariamente demostrado por los resultados de la última encuesta, que revelan que el piso político con que inició su gestión hace dos años, equivalente entonces al veinticinco por ciento (25%) del electorado, hoy, apenas si sobrepasa el quince por ciento (15%), tal y como lo pronostiqué, lo ha hecho sacar “su carta comodín” y, para la sorpresa de nadie ha anunciado que durante el año 2027 lanzará al país a la vorágine de una asamblea constituyente.
Las normas básicas de la ciencia política imponen que cuando un gobierno accede al poder gracias a un sistema torcido como el nuestro, que patrocina que los presidentes puedan ser elegidos por precarias mayorías relativas que, sin exagerar y dependiendo de la cantidad de las candidaturas, matemáticamente podrían llegar a ser de un 15%, su primera prioridad debe ser tratar de ampliarla, construyendo consensos y atrayendo apoyos, si no de sus adversarios electorales, de los sectores independientes.
El gobierno actual desde su instalación ha hecho precisamente lo opuesto y los resultados están a la vista. Habiendo tenido la oportunidad de integrar un gobierno de unidad nacional, que hubiera elevado su estatura política, olímpicamente descartó esa posibilidad, optó por el sectarismo y el antagonismo y las consecuencias no pueden ser más patentes: creciente e imparable repudio, como lógica y justa reacción a los pobres resultados acumulados después de 24 meses de gestión.
Una y muchas veces convendría que los gobernantes, el nuestro en primer lugar, antes que asumir de exégetas infalibles de las aspiraciones del pueblo gobernado, tomaran el cuidado de, por ejemplo y específicamente, preguntarnos: ¿Qué queremos los gobernados: Un buen gobierno o una asamblea constituyente? Y que decida el pueblo soberano, única fuente legítima del Poder Público.