Panamá se debate entre la pobreza y el mal endémico de quienes limitan el desarrollo económico. El desarrollo se define como el proceso de crecimiento financiero que genera un impacto social positivo, mejorando de manera sostenible la calidad de vida (salud y educación), equidad, empleo, acceso a servicios básicos, carreteras, etc.
Ese impacto positivo se observa cuando el incremento de la riqueza se traduce directamente en mejoras directas, sostenibles, en condiciones o calidad de vida de toda la población, no de unas cuantas familias.
La diferencia: el crecimiento económico es puramente numérico, generalmente beneficiando a empresario, mientras que el desarrollo económico es visible en el bienestar social, equidad (la educación, salud, carreteras, hospitales y bienestar social en general), de toda la población.
El terremoto en Panamá deja al descubierto la inoperancia de los gobiernos, presuntamente democráticos, que no les importa con la población pobre.
Panamá, en términos generales viene sufriendo los embates, de gobiernos proempresariales, descuidando a la población vulnerable, situación que critican a Omar Torrijos Herrera quien se preocupó por la salud, la educación y el desarrollo económico de los panameños. Que no hicieron los gobiernos anteriores. Téngase presente que Omar Torrijos NUNCA perteneció a ningún partido político.
Su visión de estadista fue propulsora de centros de salud y escuelas en los lugares más recónditos, por la cual se estima que más del 70% de los profesionales de hoy, directa o indirectamente, deben su formación académica a ese líder natural. Quienes lo duden pregunten a sus abuelos y padres cual era su educación antes de 1968 (mayoritariamente, ninguna).
En la actualidad, y a pesar del terremoto, pareciera que vale más la politiquería que el apoyo que pueda brindarse a la población en desastre y se procura hacer inscripciones masivas, quizás mediante engaños o subterfugios, sobre todo a la población menos educada, la aborigen.
El engaño es la piedra angular de los politiqueros y la población tiene que despertar. Se requiere encontrar verdaderos lideres y quizás no los encontremos en los dirigentes de partidos políticos. Soy el hijo de Juana. Dios te salve, Panamá.