Palpitar y soñar con un solo corazón

  • domingo 21 de junio de 2026 - 12:00 AM

Dos alegrías han bañado mis frustraciones: el triunfo de una veragüense, Nataly Delgado, que se consagró como Campeona Mundial Absoluta de Peso Mosca (115 libras) de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB). La pelea tuvo la distracción de la Selección de la Roja con el encuentro del mundial de fútbol y la unidad de los panameños en torno al juego de Ghana y Panamá en Toronto. De las dos sorpresas, la más llamativa y la más aleccionadora ha sido el juego de Toronto, Canadá, por las muestras de una pasión anímica de los panameños en acompañar a la Sele en todos los rincones del mundo.

Esa pasión que electrizó el alma y el cuerpo de los panameños, grandes y chicos, ricos y pobres, empresarios, comerciantes, profesionales y trabajadores, capitalinos e interioranos, los panameños no la habíamos vivido antes. Por primera vez lo hacemos, porque ni el 9 de enero de 1964, ni la firma de los Tratados Torrijos Carter de 1977, ni la intervención militar norteamericana de 1989, ni la entrega del Canal en 1999, logró forjar la unidad de los panameños y vivirlas con tanta pasión, tanta alegría y tanta tristeza a la vez, ese miércoles 17 del presente mes. Hubo un tiempo en que Ismael Laguna y Roberto Durán llenaron el alma panameña, fueron nuestros héroes, paralizaban al país, reíamos y llorábamos ante sus triunfos y derrotas. El béisbol fue otro de esos deportes nacionales que cubrían nuestras glorias y derrotas, con el aliciente de aquellos panameños que se distinguían y triunfaron en los Estados Unidos de Norteamérica.

Pero la pasión, alegría, tristezas y lágrimas de los panameños esa tarde y noche, pese a las críticas que se puedan realizar sobre las técnicas del juego, nada es comparado a la “UNIDAD” demostrada por un sueño, por un ideal, por una meta y propósito que los panameños nos fijamos para este mundial. Yo quiero que ganemos en los próximos eventos, pero si ello no fuera posible, me quedaré con las vibras, la alegría, las lágrimas y tristezas de ese día. Un día grande, porque nos ha enseñado a soñar y palpitar con un solo corazón: PANAMÁ y necesitamos esos sueños y esas palpitaciones.