Vivimos en una sociedad caracterizada por sus desigualdades sociales. No tiene necesidad de trabajar quien posee suficientes recursos económicos, y los otros tienen que vender su sudor para sobrevivir.
En el Estado democrático, el trabajo está considerado un derecho social, y como tal aquel tiene el deber que propiciar las políticas públicas de generación del pleno empleo.
Atravesamos por momentos en los que no es fácil consensuar las voluntades de empresarios, trabajadores y el Estado para diseñas espacios de entendimientos para generar fuentes de empleo, con remuneraciones satisfactorias.
Pero, eso no se convierten en una condición para que el Estado, siquiera insinúe a través de las Asamblea Nacional de Diputados, legislar en perjuicio de los jubilados laboralmente activos en el sector público, para dar una respuesta temporal a los miles de jóvenes titulados o no, que no ven en el horizonte, una fuente de trabajo a corto plazo.
No creo que el jubilado siga laborando para satisfacer un apego enfermizo al trabajo. Así que vemos “poco seria” la iniciativa que pretende “dar de baja” a los jubilados activos, “dorándoles la píldora” con una indemnización. No es responsable ensayar la solución de un problema tan delicado, creando otro problema. Ahora pues, ¿por qué semejante genialidad, no se hace extensiva al sector privado?
Ya la sociedad panameña evidencia profundas fracturas sociales, como para que ahora enfrentemos a miles de jóvenes con miles de jubilados. Como se a mire, la medida posee un inocultable “aroma electorero”. Si ésta propuesta se llegar a convertir en Ley de las República, nada les garantiza a los jóvenes beneficiados, la permanencia laboral obtenida en esas especiales condiciones.
Una propuesta sensata para masificar el “empleo juvenil”, partiría por frenar esas campañas negativas que cuestiona las deficiencias formativas y la baja calidad de nuestros estudiantes, que por no recibir censura, han adquirido viso de certeza.
Por otro lado, las jubilaciones de miseria que reciben nuestros jubilados, les obligan a comprometer con el trabajo, las pocas fuerza y energías disponibles, para disfrutar en dignidad de su retiro laboral. No jueguen con el hambre de los jubilados, ni con los sueños de superación personal de las nuevas generaciones.