- lunes 31 de octubre de 2011 - 12:00 AM
El origen de la corrupción
¿Dónde nace la corrupción?, le pregunté a mis alumnos. La corrupción nace en el hogar, concluyeron mis alumnos después de media hora de debate. ‘Lo permisivo que pueda ser el hogar y los modelos a seguir son la base fundamental que regirá la vida de un individuo hasta que muera’, dijeron muy convencidos. Casi están en lo correcto.
Chicos inteligentes tengo en el aula, pero no son dueños de toda la verdad. La naturaleza humana y pecaminosa tiende a la avaricia, al individualismo y a la mezquindad, antivalores que les transmitimos a nuestros hijos de manera tan natural como lo es respirar.
El héroe del momento no es el empleado honesto y ejemplar, el admirado y aplaudido es el corrupto: que puede engañar sin ser descubierto. Puede escribir un libro y sin lugar a dudas será un éxito de venta. ¿Cómo lo hiciste? Sería la pregunta de rigor, y el que no saca ventaja de una situación es mirado como un tonto o poco inteligente. Ese no será modelo a seguir y la culpa la tenemos todos.
La falta de incentivos a la honestidad, su poca relevancia en los medios de comunicación, no son el caldo de cultivo ideal para cambiar esta sociedad. Las decisiones económicas las toman funcionarios que abusan del poder público para beneficiarse privadamente y son controlados por las élites que acaban secuestrando al Estado para el beneficio de esa minoría, por medio de la compra y venta de favores, apoyos políticos, sobornos, extorsiones y tráfico de influencias.
La corrupción se frena cuando se limita el poder del Gobierno sobre la economía de un país. Una gran parte de la energía que mueve la economía es clandestina y en lugar de impuestos se pagan ‘mordidas’. Es por eso que encontramos licitaciones estatales en las que se aprueba la compra de un cuchillo, que en realidad cuesta cinco dólares, en cincuenta dólares. Por situaciones como estas es que vemos presupuestos anuales y millonarios, cuyos dineros se quedan en el camino y no llegan a beneficiar a los más necesitados.
¿Tiene color partidario la corrupción? ¿Acaso tiene religión? Pues no, la corrupción es abrazada por todos los colores del arcoíris y está presente en todas las organizaciones. Cuidemos, pues, que cuando critiquemos, no estemos en realidad confesando nuestras culpas.
LA AUTORA ES PROFESORA DE ESPAÑOL E INGLÉS