• viernes 10 de julio de 2026 - 11:39 AM

No podemos regresar el tiempo, pero sí decidir el futuro

Panamá posee una de las mayores riquezas biológicas del planeta

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Cuando era niño, una de las primeras cosas que aprendí en biología fue que la naturaleza tiene una capacidad increíble para recuperarse. Después de un incendio, vuelven a crecer las plantas. Después de una inundación, los ríos encuentran nuevamente su camino. Después de una tormenta, muchas especies regresan poco a poco a su hogar. Pero también aprendí algo igual de importante: la naturaleza necesita tiempo y necesita nuestra ayuda.

Hoy Panamá enfrenta una situación que ha generado opiniones muy diferentes. Algunos piensan una cosa, otros piensan otra. Es normal. Todos queremos lo mejor para nuestro país. Sin embargo, como biólogos tenemos una responsabilidad distinta. Nuestra obligación no es discutir desde la emoción, sino observar los hechos y buscar soluciones.

Hay una realidad que nadie puede cambiar. La mina existe.

El área fue intervenida hace varios años mediante decisiones tomadas por el Estado panameño y desarrolladas por la empresa que operó el proyecto. Podemos debatir durante muchos años si aquello fue correcto o incorrecto, pero ninguna discusión hará que el bosque vuelva mágicamente al estado en que estaba hace veinte años.

Es como cuando un niño rompe accidentalmente una maceta. Nadie puede hacer que la maceta nunca se haya roto. Lo que sí podemos hacer es recoger los pedazos, sembrar nuevamente la planta y cuidarla para que vuelva a crecer. Con la naturaleza sucede exactamente lo mismo.

Por eso el Colegio de Biólogos de Panamá considera que este momento debe convertirse en una oportunidad para hacer algo que nuestro país nunca ha realizado a esta escala: restaurar un ecosistema utilizando la mejor ciencia disponible.Muchas personas creen que restaurar un bosque consiste solamente en sembrar árboles.

La realidad es mucho más compleja. Un bosque está lleno de vida invisible. Bajo nuestros pies viven millones de microorganismos que ayudan a las raíces a crecer. Existen hongos que alimentan a los árboles. Hay insectos que polinizan las flores. Las aves dispersan semillas. Los mamíferos mantienen el equilibrio entre las especies.

Todo funciona como un enorme rompecabezas donde cada pieza cumple una función.Cuando una de esas piezas desaparece, todo el sistema comienza a cambiar. Por eso recuperar un ecosistema significa mucho más que plantar miles de árboles. Significa devolverle la vida. También significa medir científicamente su recuperación.

Hoy contamos con herramientas que permiten evaluar la calidad del agua, la estabilidad de las comunidades biológicas, la regeneración del suelo y la presencia de especies clave. La restauración ecológica moderna no se basa en percepciones, sino en evidencia obtenida mediante monitoreo continuo y criterios científicos verificables.De la misma manera, la compensación ambiental no puede entenderse únicamente como la siembra de árboles.

Desde la biología de la conservación implica restaurar funciones ecológicas, proteger especies, conservar hábitats y trabajar junto a las comunidades para asegurar que esos procesos sean sostenibles en el tiempo. Restaurar no consiste únicamente en recuperar cobertura vegetal; consiste en devolverle al ecosistema su capacidad de funcionar y mantenerse por sí mismo.

Precisamente por eso son tan importantes las auditorías técnicas y los programas de monitoreo ambiental. Permiten evaluar objetivamente cómo responden los ecosistemas con el paso del tiempo, identificar oportunidades de mejora y orientar las decisiones con base en evidencia científica, no en percepciones.Recientemente se presentó una auditoría técnica independiente que evaluó diferentes aspectos ambientales, operacionales, legales y de riesgos del proyecto minero.

Como toda auditoría rigurosa, documentó tanto fortalezas como aspectos que deben fortalecerse, especialmente en materia de restauración ecológica, reforestación y conservación de la biodiversidad.Entre los elementos que aporta la auditoría desde el punto de vista biológico destaca la información proveniente de los programas de monitoreo ambiental, los cuales no identificaron cambios significativos en la biodiversidad acuática atribuibles a la operación durante el período evaluado.

Más allá del resultado específico, este hallazgo demuestra el valor que tiene el monitoreo científico permanente para comprender la respuesta de los ecosistemas y orientar las decisiones de manejo. En ciencia, un resultado positivo nunca es motivo para bajar la guardia; por el contrario, representa una oportunidad para mantener, fortalecer y perfeccionar las medidas de conservación.Estos resultados deben motivarnos a trabajar juntos.

La biología de la conservación trabaja precisamente bajo ese principio. Los ecosistemas cambian constantemente y las estrategias de manejo también deben ajustarse conforme aparece nueva información científica. Ese enfoque, conocido como manejo adaptativo, permite corregir acciones, fortalecer programas de restauración y responder oportunamente a cualquier cambio detectado durante el monitoreo ambiental.Si cuidamos el agua, tendremos agua.

Si protegemos los bosques, tendremos bosques. Si restauramos los ecosistemas, la biodiversidad tendrá una oportunidad de recuperarse. En COBIOPA creemos que Panamá tiene una oportunidad extraordinaria para demostrarle al mundo que es posible convertir un gran desafío ambiental en un gran proyecto científico.

Un aspecto especialmente relevante es que la conservación de la biodiversidad no depende únicamente de proteger árboles o animales visibles. Requiere identificar especies prioritarias, monitorear sus poblaciones y comprender cómo evolucionan los ecosistemas con el tiempo.

Ese conocimiento no se obtiene en meses; requiere años de investigación sistemática, seguimiento de campo y evaluación permanente. Por eso, en biología hablamos de procesos continuos y no de metas que simplemente se cumplen o dejan de cumplirse.Imaginemos por un momento que estudiantes panameños, investigadores, universidades y comunidades trabajen juntos durante muchos años estudiando cómo regresa la vida a un bosque tropical.

Imaginemos descubrir nuevas especies, aprender cómo regenerar suelos, recuperar quebradas, proteger animales y desarrollar nuevas tecnologías inspiradas en la naturaleza. Eso también genera riqueza, pero una riqueza diferente: una riqueza basada en el conocimiento.Los países más desarrollados del mundo ya entendieron que el conocimiento vale tanto como cualquier recurso natural.

Panamá posee una de las mayores riquezas biológicas del planeta. No desperdiciemos la oportunidad de aprender de ella.Como biólogo, creo profundamente que la ciencia no existe para alimentar conflictos. Existe para construir soluciones basadas en evidencia. La restauración ecológica puede medirse objetivamente mediante indicadores de biodiversidad, calidad del agua, recuperación del suelo y resiliencia de los ecosistemas.

Esa es la información que debe orientar las decisiones de cualquier país que aspire a proteger su patrimonio natural.Quizás nunca todos pensemos igual sobre la minería, y eso está bien. Pero sí podemos coincidir en algo mucho más importante: la conservación de la naturaleza exige conocimiento, monitoreo permanente y la voluntad de mejorar continuamente. Ese es el lenguaje de la ciencia, y también debería ser el lenguaje con el que construyamos el futuro ambiental de Panamá.

Presidente del Colegio de Biólogos de Panamá (COBIOPA)