Cada vez que ocurre un terremoto, la tierra tiembla, pero en las redes sociales el movimiento parece durar semanas. Aparecen profetas del desastre, expertos improvisados, canales sensacionalistas y toda clase de teorías que, en lugar de informar, terminan metiéndole más miedo a la gente. Eso lo hemos visto nuevamente tras los recientes movimientos sísmicos registrados en Venezuela, Colombia y Panamá.
Lo primero que debemos tener claro es que no existe evidencia científica que permita afirmar que estos eventos estén conectados entre sí, como muchos aseguran en internet. Es cierto que los tres países forman parte de una región geológicamente activa, pero cada territorio tiene características tectónicas particulares y responde a diferentes dinámicas sísmicas.
En Venezuela, por ejemplo, la actividad sísmica está relacionada principalmente con la interacción entre la placa del Caribe y la placa Suramericana. En el país destacan fallas geológicas como Boconó, San Sebastián y El Pilar, que históricamente han estado asociadas con buena parte de los terremotos registrados. Es un sistema de fallas con su propia dinámica de acumulación y liberación de energía.
Colombia, por su parte, presenta un panorama tectónico mucho más complejo. En su territorio interactúan las placas de Nazca, Suramericana y Caribe. El reciente terremoto de gran magnitud registrado en el occidente colombiano fue relacionado con el proceso de subducción de la placa de Nazca bajo la placa Suramericana, un fenómeno geológico diferente al que caracteriza buena parte de la actividad sísmica venezolana.
Panamá tampoco está fuera de esta realidad. El istmo se encuentra en una zona donde interactúan varias placas tectónicas, entre ellas las placas del Caribe, Cocos y Nazca, además de la microplaca de Panamá. Esta condición explica por qué nuestro país registra actividad sísmica con cierta frecuencia, particularmente en algunas regiones.