• martes 29 de noviembre de 2011 - 12:00 AM

Un muerto en la Corte

Reflexionando acerca del reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia, expedido luego de la muerte dolorosa y triste del distinguido c...

Reflexionando acerca del reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia, expedido luego de la muerte dolorosa y triste del distinguido catedrático Ramiro Jiménez Núñez, este parece ser un mensaje para el resto de los 36 demandados. Recordemos que esta demanda devoradora ha sido impulsada por las actuales autoridades universitarias y es encabezada por la esposa del rector, Carmen Castillo de Requena, que ha sido lanzada al ruedo político para ser la próxima rectora de la UNACHI. Todo ha sido planificado con un propósito político, pues los seguidores de la administración ocuparon los tiempos completos de los demandados; sin percatarse de que la Ley de Presupuesto favorece al sector educativo.

Ramiro era un excelente educador y llevó una vida profesional fecunda en el duro bregar de la vida universitaria. Fueron muchos años de labor docente para lograr un tiempo completo, pero el destino cruel y despiadado impidió que siguiera disfrutando, junto a sus seres queridos, de este ascenso que le permitía un aumento salarial y calidad de vida. Su familia y todos los colegas que lo conocimos por su perseverancia académica, estamos consternados ante este tenebroso fallo de la Corte Suprema de Justicia.

Las Naciones Unidas y todos los organismos internacionales están presionando a los Gobiernos para que respeten los derechos humanos, que deben estar por encima de cualquier leguleyada.

Pueda ser que la Corte Suprema de Justicia reflexione sobre este planteamiento, y no expida más fallos crueles como el aplicado al difunto. Porque se trata de profesionales idóneos que vienen cumpliendo con sus obligaciones docentes, y ojalá que en el resto de los fallos se reconozca el planteamiento expuesto por esos organismos internacionales y los derechos adquiridos de los docentes demandados que tienen antigüedad laboral.

Lo más inverosímil de esta penosa situación es que muchos de los demandados han ascendido a la categoría de profesor titular, aprobados por el Consejo Académico, de tal manera que nos preguntamos cómo el rector puede dormir tranquilo ante una situación como la presente que ha trastocado la vida universitaria. Los afectados se sienten oprimidos y perseguidos en su ambiente laboral; muchos han enfermado y están sufriendo de presión, estrés y es una tortura que va para tres años. Un estado de hostigamiento es el que se vive en la UNACHI y solo la rosca recibe los privilegios y reconocimientos.

Debemos recordar al maestro Octavio Méndez Pereira, creador de la Universidad de Panamá, que manifestó en una ocasión: ‘Nuestra universidad no debe ser una fábrica de profesionales egoístas, imbuidos de un estrecho, falso y desintegrado concepto de la vida. Debe ser más bien un núcleo de fuerzas espirituales en franca dirección social que contribuya a formar hombres justos, comprensivos y serenamente fuertes en las lides del pensamiento y del trabajo’.

LA AUTORA ES DOCENTE UNIVERSITARIA