• viernes 01 de mayo de 2026 - 12:00 AM

Mamotreto político

Cuando se trata de evaluar la gestión de una administración de gobierno existe una variedad de parámetros a considerar, de acuerdo a lo que se necesita cuantificar; primero está la percepción y luego la valorización.

A menudo se confunden las agendas y se malentienden los propósitos, sin embargo, el arte de gobernar depende en gran medida del balance y de las destrezas del gobernante, medido en función del nivel de tolerancia de los gobernados.

Como sobrevivir cuesta, la población aprende a interpretar las señales del entorno en que vive; cada señal conlleva una acción. No existe una decisión gubernamental que no genere impacto en la vida de los ciudadanos.La necesidad de financiar un Estado desproporcionado para administrar poco más de 4 millones de personas dentro de un territorio de apenas 75,517 km2, resulta una estafa en la administración del erario, si se considera que el Presupuesto General del Estado de la república de Panamá para la vigencia fiscal del año 2026, alcanza un monto de casi 35,000 millones de dólares.

El llamado a sesiones extraordinarias en la Asamblea Nacional por parte del órgano Ejecutivo para la aprobación de reformas fiscales, vino acompañado de reuniones previas con las diferentes bancadas que representan al hemiciclo legislativo.

El ambiente en el país emerge en medio de una tensa calma, que por momentos da la impresión de que existen las condiciones políticas para maniobrar al antojo de quién maneja las riendas del país. Mientras tanto, en paralelo, no deja de percibirse un desagrado generalizado por el exceso de matraqueo político y acuerdos de recámara entre los diputados que dirigen los partidos tradicionales.

La sensación de que el país se está manejando a través de una cofradía acreditada por la personería jurídica de los colectivos políticos legalmente constituidos, en detrimento del espacio de la mitad de la población que no está inscrita en dichos colectivos, deja entrever que la ausencia de una verdadera oposición comienza a pasar factura en nuestra joven e incipiente democracia.

Periodista