- domingo 27 de noviembre de 2011 - 12:00 AM
Los ‘maleantes’ de 1903
Desde hace muchos años, cada vez que se avecina el mes de noviembre, me encuentro con variados artículos sobre la gesta de 1903. La leyenda negra colombiana se asoma entre ellos, como una permanente acusación sobre los fundadores de la República.
Por lo que se puede leer un año sí y otro también, los fundadores de la República vienen a ser no menos que unos ‘maleantes encorbatados’ que se enriquecieron con la venta del Istmo a los imperialistas gringos, que se apropiaron de un territorio ajeno y de un francés que engañó para lograr vender las acciones del canal francés.
Ver la historia panameña en forma tan simple, no es más que una perversa forma de interpretar la historia y de juzgar los momentos vividos por los istmeños en los meses y días antes, durante y después del 3 de noviembre de 1903.
Me gustaría ver, por la rendija de la historia, qué hubiesen hecho los detractores del 3 de noviembre de 1903 si hubieran vivido esos momentos. ¿Cómo se hubiesen comportado frente al rechazo colombiano del tratado que estancaba la construcción del Canal y, por lo tanto, la prosperidad de los panameños, frente a los tres barcos de guerra en la Bahía de Panamá, a las tropas colombianas estacionadas en la ciudad de Panamá que dirigía Esteban Huertas, a los 500 soldados del Batallón Tiradores llegados a Colón para aplastar a los separatistas istmeños?
El patriotismo que encontraba una nueva rendija en sus 82 años vividos junto a Colombia y a los cinco intentos fracasados de separarnos; la necesidad de darle continuidad a la magna obra canalera en espera de la inversión norteamericana; la oportunidad inteligentemente aprovechada por la burguesía conservadora y liberal para resolver una vieja disputa con Colombia, dio como resultado la separación de Panamá de Colombia, en legítima defensa de nuestra propia prosperidad. Y si para ello fue menester ceder y hacer concesiones odiosas, fue producto de las circunstancias vividas por los fundadores en aquella encrucijada. O la separación con su canal y sus esperanzas o regresar a los brazos de Colombia, luego de 82 años amargos, llenos de guerras y sinsabores para los istmeños. La profecía de Justo Arosemena se cumplió.
La leyenda negra y sus acólitos, panameños y extranjeros, están meando fuera de la vacenilla hoy como ayer. Y mientras ellos siguen con sus acusaciones, la República de Panamá sigue con su Canal, con su prosperidad y con un futuro esperanzador para los 3 millones de habitantes y miles de miles de extranjeros que han llegado a nuestras playas, entre ellos, miles de hermanos colombianos.
Ni maleantes ni santos: Panameños que nos legaron una república. Y eso es bastante, más de lo que muchos de sus críticos han logrado realizar en sus vidas.
EL AUTOR ES EXEMBAJADOR DE PANAMÁ EN BRASIL Y NICARAGUA