• miércoles 14 de octubre de 2026 - 2:00 PM

Los reflectores hacia la Región Central

El dolor se sufre con las manos llenas de tierra en las cuatro provincias centrales de Panamá. Hablamos de un desastre natural con todas sus letras. Los números preliminares provocan escalofríos: centenares de viviendas agrietadas o vueltas escombros, escuelas destrozadas y casi una veintena de hospitales e instalaciones de salud heridos de muerte. Son estimaciones preliminares.

​¿Hasta cuándo permitiremos que la burocracia estatal mueva los pies como una tortuga cansada mientras la gente humilde duerme a la intemperie? En Tonosí, en las costas de Isla Cañas o en las comunidades de Soná y Mariato, hay miles de compatriotas vulnerables que lo perdieron todo. Las familias que vivían a las orillas de los ríos y del mar no pueden ni deben regresar a esos terrenos inundables; necesitan reubicación urgente y segura.

​ Entre las ruinas y la incertidumbre, hay un trauma colectivo que quiebra el alma. Es impostergable la atención psicológica y el acompañamiento espiritual para niños, ancianos y familias enteras que lo perdieron todo en 55 segundos ese fatídico 9 de octubre.

​¡Sufrimos una emergencia grave! ¡Hace falta respuestas de desastre natural ya! Se necesita agua potable sin descanso, comida, ropa, atención psicológica, contención espiritual y materiales de construcción. Si el engranaje del gobierno se traba en los sellos y el papeleo, que sea la solidaridad probada de nuestro pueblo la que rompa ese cerco.

​La gente de a pie siempre responde primero. Las redes de voluntarios, los clubes, las iglesias y los vecinos organizados están llegando a los caminos donde el Estado ni siquiera ha enviado una grúa. Pero los funcionarios tienen que despertar: no están ahí para tomarse fotos con casco en las ruinas, sino para soltar los presupuestos y garantizar que la ayuda llegue sin trabas.

​La Región Central nos da de comer a todos. Hoy sus cuatro provincias se desangran. Ayudar no es un favor: es un deber sagrado. ¡Que la ayuda física, emocional y espiritual llegue en horas, no en semanas!

Las redes de voluntarios, los clubes, las iglesias y los vecinos organizados están llegando a los caminos donde el Estado ni siquiera ha enviado una grúa.