• jueves 11 de septiembre de 2025 - 9:50 AM

Leer para escribir

La lectura es el gimnasio cerebral donde se entrenan las fibras musculares que luego se utilizarán para escribir.

Leer para escribir. Esa fue una enseñanza que me quedó grabada del maestro cubano Emerio Medina en el taller de cuento que se celebró en la Universidad Panamericana los días 6, 7, 13 y 14 de septiembre. Es cierto: el paso previo para quien quiere escribir es leer muchos libros.

La lectura es el gimnasio cerebral donde se entrenan las fibras musculares que luego se utilizarán para escribir. Cuando leemos, nuestro cerebro se impregna de gramática, vocabulario y estructuras narrativas que se pueden interiorizar en nuestro subconsciente hasta volverse automáticas, sin necesidad de estudiar reglas.

Cuando encontramos nuestra propia forma de expresarnos y adquirimos una voz propia —a lo que yo llamo “mi lenguaje”—, nos dará las herramientas para distinguir el estilo de otros escritores. Pero primero, debemos leer y seguir leyendo, no solo por placer, sino también con un propósito.

Cuando un escritor lee, se inspira, escribe y luego busca la retroalimentación de otra persona, la cual debe ser elegida con cuidado para que sea un agente de ayuda y no un asesino de sueños. Es la persona que nos dirá, de forma honesta y amable, dónde están nuestros errores con la intención de que los superemos. Los asesinos de sueños, en cambio, conspirarán para que abandonemos el barco, quizás antes de zarpar.

Leer nos ayuda a saber qué funciona y qué puede aburrirnos o no gustarnos, y a ser honestos con nuestro propio trabajo. Al leer a otros, podemos diferenciar estilos e identificar qué aspectos o elementos podemos adquirir para desarrollar nuestro arte.

En lo particular, leer y estudiar para poder escribir es un acto de responsabilidad personal y respeto hacia el lector.