- miércoles 30 de noviembre de 2011 - 12:00 AM
¡Lamentablemente fue una pesadilla!
Un temor que ha ido degenerando en un pánico generalizado, se ha apoderado de la ciudadanía nacional. A cualquier hora del día o la noche se corre el peligro de ser asaltado, herido o asesinado por los ‘profesionales’ del crimen que no vacilan en matar si a cambio consiguen unos dólares. Se vive en una constante zozobra y muchos ciudadanos han adoptado la costumbre de salir a la calle para realizar las necesidades más imprescindibles.
Detuve mi auto frente al restaurante donde tomo un café y departo con mis amigos personales y políticos, cuando vi que dos malandrines, menores de edad, le arrebatan la cartera a una elegante damita que iba rumbo a su trabajo. De nada valieron los gritos de la joven pidiendo ayuda para la detención de los malhechores. No apareció ningún policía que diera captura a los amigos de lo ajeno.
Entré al restaurante y tanto las meseras como los clientes no cesaban de criticar la inacción que se percibe de parte de los encargados de salvaguardar la vida y bienes de los asociados. Una de las guapas meseras le decía a un conocido político que por la barriada donde ella reside, hay un violador que ya ha atacado a cinco mujeres y aún no se le ha dado captura y que ella teme aventurarse por el sendero que lleva a su casa a medianoche, que es cuando termina su jornada de trabajo.
Uno de los políticos opositores habló con voz emocionada, como si se dirigiera a una muchedumbre, que reclamaba al señor presidente, al jefe de la Policía y a todos los que tenían que ver con la seguridad que actuaran ahora, ya, de inmediato, porque la situación generada por la constante no soportaba más dilaciones, que todos los días amanecemos sobresaltados con la noticia de un asesinato o cualquier acto criminal.
En eso estaba el político, cuando escuchamos al voceador de periódicos gritando: ‘¡Extra! ¡Extra!’
Salimos del restaurante y todos los presentes compramos la edición de última hora. A grandes titulares pudimos leer:
‘Despiden al ministro de Seguridad, al jefe de la Policía’.
‘También destituyen a todos los funcionarios encargados de los estamentos de seguridad en todo el país’.
Y más abajo decía la noticia de que el presidente tomó esta decisión ‘ante la incapacidad de estos funcionarios para frenar la ola de crímenes y robos, violaciones y secuestros’.
Entonces, desperté sobresaltado. Había tenido una pesadilla. ¡Y qué pesadilla! Y pensé que podía ser un aviso de lo que puede suceder en Panamá.
EL AUTOR ES PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO