La vorágine de la violencia que cada día conquista más espacio en nuestra sociedad ha encontrado terreno fértil en los centros educativos del país según se ha podido observar en informes, medios de comunicación social y publicaciones en redes sociales.
Prestigiosos establecimientos educativos oficiales de Colón, Chiriquí, Panamá, Veraguas y Panamá Oeste han registrado incidentes violentos en los últimos meses entre los cuales encontramos: homicidios, agresiones físicas y verbales, ataques con arma blanca, bullyng, o acoso escolar cuyo impacto emocional afecta el bienestar y el futuro de los estudiantes.
Urge que el Ministerio de Educación encabece una gran alianza nacional tendiente a establecer políticas de prevención para evitar acciones agresivas en los colegios y de esta forma cercenar de raíz las posibles consecuencias que en el futuro repercutirán en el desarrollo y la paz social del país.
Para atender y entender la magnitud de la situación lo primero que se debe hacer es un diagnóstico y crear una base pública nacional consolidada que permita saber cuántos casos ocurren anualmente y cómo evolucionan por provincia, distrito, edad, sexo y tipo de violencia.
También es importante buscar ayuda internacional de organizaciones especializadas en la atención de niños y adolescentes de alto riesgo, para que los pares panameños se actualicen en políticas de prevención de los actos violentos en los centros educativos.
En 2025, MEDUCA remitió al Ministerio Público cerca de 300 expedientes relacionados con violencia, abuso sexual y embarazos adolescentes detectados en escuelas oficiales; mientras que UNICEF en un informe sobre Panamá destaca que el bullyng afecta el 18% al 31% de los jóvenes en edad escolar.
Es preocupante observar la normalización de la violencia y el bullyng en las escuelas ante la mirada indiferente de la sociedad porque si analizamos las causas y efectos del problema la responsabilidad recae en la comunidad educativa, entiéndase padres de familia, profesores y autoridades correspondientes, así como de las instituciones encargadas de establecer programas de desarrollo social, empresas privadas, políticos; en fin, todos los panameños que aspiran a construir un país de oportunidades, libre de violencia y donde los niños y adolescentes actuales serían sus principales protagonistas.
De nada sirve que el MEDUCA cuente con gabinetes psicopedagógicos y protocolos para atender situaciones de violencia escolar y otros casos, sino cuenta con personal y apoyo económico para cumplir con esta importante función en beneficio del bienestar y la educación de los estudiantes.