¿Es posible decir siempre lo que pensamos sin lastimar a los demás ni a nosotros mismos? Esta es la interrogante que me surgió al leer la siguiente frase del reconocido escritor argentino Adofo Bioy Casares: «La vida es difícil. Para estar en paz con uno mismo hay que decir la verdad. Para estar en paz con el prójimo hay que mentir».
Las relaciones entre las personas son complejas y el autoconocimiento resultan camino difícil. Y, más aún, lo es encontrar la armonía para ser honestos con nosotros y con el prójimo.
Me he encontrado alguna que otra vez diciendo lo que pienso de las otras personas, y semanalmente tengo la osadía de escribir mi opinión. En ocasiones, he expresado mi forma de pensar sobre alguien directamente, y eso ha podido causar molestias, así como han mostrado una sinceridad desbordada sobre mi persona, no necesariamente sobre mis virtudes. El autoconocimiento requiere una honestidad, pero también un nivel de autocuidado y la comprensión de que estamos en un camino que queremos que nos lleve a ser sujetos cada día más plenos, y para eso necesitamos ser sinceros con nosotros para poder mejorar.
Somos seres sociales por naturaleza, algo que nos lleva a relacionarnos con los demás todo el tiempo, para lo cual debemos cumplir ciertas normas sociales en las que la diplomacia resulta importante para la convivencia. La solución está en dominar el arte de conjugar la empatía con la honestidad y en expresar nuestra verdad sin perder de vista que tratamos con seres humanos y podemos lastimarlos, por lo que debemos ser cuidadosos con lo que decimos y cómo lo hacemos.