• miércoles 19 de agosto de 2026 - 12:00 AM

La trampa de la prisión dorada y el justo descanso

La mítica isla de Ogigia, con bosques frondosos de alisos y cipreses, cuyos prados tienen aroma a violetas, es un lugar de gran belleza e inquietante perfección donde quien llega no se quiere ir jamás. Allí habita Calipso, ninfa divina que no ofrece un refugio sino una prisión dorada.

Es una isla escapista en un lugar donde nuestra voluntad de ejecución y avance se encuentra adormecida por el confort paralizante, por la sensación de sopor que duerme los sentidos y la capacidad de acción que es la cuna perfecta de la procrastinación. El escapismo y el confort paralizante se convierten en una prisión dorada. Esto ocurre cuando nos quedamos en el sitio seguro y adormecemos nuestros sueños por conformarnos en lo seguro sintiendo vacío e insatisfacción.

Todos debemos tener lugares seguros donde podamos ir para recargar fuerzas y continuar nuestro camino personal que nos dé sentido de propósito y satisfacción personal. A este lugar llegamos de forma temporal a descansar y recargar las fuerzas. Puede ser la playa, una reunión con amigos, unas merecidas vacaciones, etc.

Lo buscamos cuando queremos estar fuera para no ver nuestra realidad mediante las gratificaciones instantáneas y escapistas como la pantalla del teléfono o el televisor.

Existe una gran diferencia entre lo que se entiende por prisión dorada y el justo descanso, concepto ligado a la evasión, y un lugar donde nos podamos refugiar a descansar para seguir adelante.

Ambos tienen en común que invitan a la separación de la actividad, pero en el descanso se hace por un tiempo específico y, en la prisión dorada, de forma permanente y alienante, que desconecta al hombre de su propósito.