- lunes 19 de octubre de 2026 - 12:00 AM
La tragedia que conmocionó a un pueblo, 20 años después
Un número significativo de pasajeros que abordaron el Bus 8B-06 de la Ruta Mano de Piedra-Corredor, aquel lunes 23 de octubre de 2006, habían participado durante el fin de semana en las actividades religiosas en honor al Cristo Negro, que se celebra el 21 de octubre en la comunidad de Portobelo, provincia de Colón.
Con la fe renovada y la esperanza de un futuro prometedor, decenas de pasajeros entre ellos niños y adultos mayores se agolpaban en la única puerta de entrada del gélido bus que irónicamente no los conduciría a su destino final, sino a la muerte.
Medios de comunicación social de la época reportan que el incendio del Bus tipo “Nevera”, que se caracterizan por poseer aires acondicionados muy fríos y son herméticos cerrados, ocasionó 18 víctimas entre ellos 2 niños y numerosas personas resultaron heridas, con secuelas físicas y emocionales de por vida.
Han transcurrido 20 años de una de las tragedias más grande que ha ocurrido en el transporte público panameño, solamente superado por los accidentes del Puente de las Américas, en mayo de 1971, que dejó como resultado 38 muertos y 5 sobrevivientes y el ocurrido en febrero de 2023, en Gualaca-Chiriquí, dejando un saldo de 41 muertos y 21 heridos.
Si sumamos los números de muertes ocasionadas por estos tres autobuses, estaríamos hablando de 97 personas que han perdido la vida en los últimos 55 años por la irresponsabilidad de conductores que, en su momento, no fueron consciente de que el mínimo descuido o error le puede costar la vida a decenas de pasajeros.
Como es ya normal cuando pasan este tipo de tragedias, escuchamos a las autoridades prometer que van a poner orden y decir que aquellos conductores que incumplan los reglamentos y las normas de tránsito, serán sancionados ejemplarmente, pero al final todo queda en promesas y amenazas.
Nada más hay que ver el comportamiento de los conductores de taxis y buses en las vías, para darnos cuenta de que el servicio de transporte público en Panamá en un caos sobre todo los denominados busitos piratas que atentan todos los días contra la vida de miles de usuarios, ante la complicidad y la indiferencia de las unidades del tránsito.
Los panameños tenemos derecho a tener un transporte digno, moderno y seguro, para que nunca más ocurra una tragedia similar a la que ocurrió en la Avenida Martín Sosa, en el sector de La Cresta, aquel fatídico 23 de octubre de 2006.