• jueves 21 de mayo de 2026 - 12:00 AM

La palabra y la identidad

Muchas veces copiamos modelos ajenos y creemos que hablar “correcto” es hablar como en otros países, usando palabras rebuscadas o acentos forzados. Eso no nos hace más preparados ni más inteligentes. La verdadera formación se nota en la capacidad de comunicarse con claridad, respeto y conciencia, sin renunciar a quiénes somos.

Además, el lenguaje evoluciona. Las jergas cambian, se transforman y se adaptan a nuevas generaciones. Lo que hoy escandaliza, mañana puede ser parte normal del habla.

Así ha pasado siempre. Lo importante no es la palabra en sí, sino la intención con la que se usa.

Como sociedad, debemos dejar de satanizar nuestras expresiones populares y empezar a valorarlas como lo que son: una muestra viva de nuestra identidad.

Educar no es callar ni imponer silencios incómodos, sino enseñar a usar el lenguaje con criterio, sin complejos ni dobles discursos.

Hablar como panameños no es motivo de vergüenza. Vergüenza sería negar nuestras raíces por miedo al qué dirán.

Porque al final del día, nuestra jerga también cuenta nuestra historia, y esa historia merece decirse sin pena y con orgullo.