• martes 06 de enero de 2026 - 12:00 AM

La invasión a Venezuela

No bien habían pasado las festividades de fin de año, en la brindamos por tiempos mejores, se daba la invasión a Venezuela. En medio de todo ese ambiente optimista, las tensiones guerreristas creadas por EUA en el Caribe, y el subido tono del lenguaje intervencionista de Trump, avizoraban que en el año 2026 se extremaría la inestabilidad regional.

Y sucedió lo inesperado. En cosa de minutos, las tropas norteamericanas ocuparon el territorio, capturaron” al peligroso delincuente Maduro, y en los próximos días llegará a EUA, y será puesto a órdenes de sus autoridades judiciales para su juzgamiento.

¿Y lo que viene ahora? No escogería lugar en el enfrentamiento que hoy libran EUA, Rusia y China. Más bien, en medio de esa confrontación, me preocupa la situación de Panamá, porque en esta coyuntura el Canal nos coloca “a la fuerza” dentro del área de influencia, misma que EUA no está dispuesta a perder.

Estando hoy en posición desventajosa, y sin estrategias para seguir gozando de soberanía y neutralidad, ¿en qué bando juega Panamá? Ya vivimos la experiencia de una invasión liberadora, y la democracia instalada no nos trajo la democracia prometida.

Tal como aquí ocurrió, será un cambio de una élite desafecta a EUA, por otra complaciente a los intereses de EUA. La transición democrática allá, será compleja. Sólo pensemos que “el Chavismo” aún conserva fuerte presencia en lo social y lo económico, y no se sabe el papel que jugarán sus fuerzas armadas.

En esa crisis política terminarán confrontados “pobres de oposición y chavistas”. No veo sencillo que sectores de los clanes depuestos, alcancen entendimientos con la nueva casta, pues sin un liderazgo localista que les armonice, la “solución” que se ensaye tomará largo tiempo.

La democracia panameña caracterizada por una sociedad fragmentada por “el clientelismo”, y con instituciones electorales cuestionables, los resultados de nuestras elecciones serían respetados sólo si se ajustan a los intereses del poder.

Si creemos a ciegas que un tratado bilateral nos garantiza que el Canal seguirá “siendo panameño”, y si el “juega vivo electoral ” se impone en la vida ciudadana, vivir bajo una falsa democracia será argumento suficiente para el despojo del Canal.