Por: Nathalie Moreno
La infraestructura del Canal tenía un límite... el desafío era inevitable para el istmo. Debíamos proponer soluciones que enfrentarán el crecimiento del comercio global. La presión internacional y la determinación de una nación impulsaron una gran obra. Las multinacionales marítimas construían barcos más grandes que no podía cruzar el Canal. El gobierno observaba, con preocupación, cómo se perdía dinero debido a una vía obsoleta.
Por tal motivo, la Autoridad del Canal de Panamá, presenta a la ciudadanía el proyecto para construir un tercer juego de esclusas, que permita el tránsito de buques portacontenedores de mayor tamaño. Esta obra monumental aseguraba ingresos al país, además de mantener la competitividad en las rutas internacionales.
El proyecto de la ampliación debía someterse a referéndum tal como lo expresa la Constitución. En las manos panameñas se decide el futuro de la vía acuática en un ejercicio democrático sin precedentes.
La mañana del 22 de octubre de 2006 amanece cubierta de los colores que enaltecen nuestra bandera. Por supuesto, su coste supera los miles de dólares y, por esto, se anima a cada panameño a ejercer su voto desde la capital hasta el interior del país.
Frente a esto, la jornada es extensa, sin embargo, el mensaje es contundente: SÍ a la ampliación. Más del setenta y seis por ciento de votos emitidos respaldan la propuesta. Esto otorga legitimidad a las Autoridades del Canal para iniciar la construcción del tercer juego de esclusas.
Cada urna selló el pacto entre los panameños y su futuro. El SÍ a la ampliación permitió conocer, administrar y supervisar la ejecución de sus obras con transparencia en la inversión de sus fondos. Ha sido la mayor cantidad de dinero destinada a un proyecto público. La ampliación requirió de más de cinco mil millones de dólares lo que demuestra la voluntad soberana para conquistar la gloria.
Estudiante de Periodismo