• jueves 17 de septiembre de 2026 - 1:01 PM

La agonía invisible de un país encarecido

Por las venas del país circula un combustible con precios por las nubes

El Panamá de los rascacielos relucientes contrasta dolorosamente con la realidad de sus hogares. Hoy, la Nación camina por una cuerda floja donde el sueño de progreso se desvanece entre facturas impagables y promesas vacías.

La crisis económica no es una cifra abstracta; es el sudor frío de quien busca empleo en vano y el peso asfixiante de un alto costo de la vida que avanza sin tregua.

Por las venas del país circula un combustible con precios por las nubes, dinamitando el presupuesto de transportistas, productores y ciudadanos de a pie. A este calvario se suma la energía eléctrica, un servicio básico convertido en un lujo impagable; donde empresas como ENSA y Naturgy acumulan montañas de denuncias por fluctuaciones constantes, pésimo servicio y tarifas que queman los bolsillos, sin que la oscuridad de instituciones como la ASEP parezca inmutarse.

Para colmo de males la desconexión se extiende al mundo digital. Empresas de telecomunicaciones como Tigo y Más Móvil imponen aumentos arbitrarios en sus planes, mientras ofrecen una conectividad deficiente, operando con total impunidad ante la mirada pasiva de los reguladores.

A este escenario de zozobra se suma la precariedad laboral y la informalidad que golpean a gran parte del país donde los salarios son de subsistencia y se evaporan antes de finalizar la quincena. Frente a este colapso cotidiano, el “Con Paso Firme” del gobierno centra su atención en debates macroscópicos como el futuro de la mina, evidenciando una desconexión total con el sufrimiento diario de sus ciudadanos.

En esta tierra rica pero asfixiada por monopolios tolerados, la dignidad ciudadana no tolera más simulaciones. Urge rescatar al país de la apatía corporativa y estatal, antes de que el silencio se convierta en un inminente estallido social.

Periodista