Despedimos a un hombre centenario que fue, en sí mismo, una institución de la alegría y el civismo. José “Ñato” Contreras no solo vivió un siglo; lo celebró. En su hoja de vida constan su paso por la Alcaldía de David y su incansable labor en los clubes cívicos, pero su verdadero monumento está en el afecto de un pueblo que lo reconoce como un compatriota único.
Ñato poseía una amenidad radiofónica que convertía cada transmisión en un encuentro íntimo. Su cordialidad era proverbial y su humor, una fuerza de la naturaleza que llevaba a flor de piel. No era solo su voz; era su lenguaje gestual, sus ademanes, esa chispa en los ojos que hacía que su sola presencia fuera una fiesta. Fue un pionero ambientalista que nos enseñó a amar los árboles cuando el mundo aún no entendía su valor. Se va el hombre, pero se queda el eco de su risa y la sombra de los bosques que soñó.
Presencia de Luz y Sal
Un siglo de gracia, de estampa elegante, el Caballero de la Chiricanidad, siempre adelante.
Su radio encendida era un fuego encendido, comunicador nato, de todos querido.
No eran solo palabras, eran sus gestos, su andar, una fiesta viviente que nos hacía vibrar.
Con humor en el alma y el decir natural, hizo de la decencia un don proverbial.
“¡No se duerman!”, gritaba con su ingenio de oro, mientras pedía árboles, nuestro gran tesoro.
Activista del alma, de entrega constante, un líder cívico, un sol radiante.
Su lenguaje era abrazo, su risa un camino, marcó para siempre nuestro destino.
Gran compatriota, de estirpe genuina, su luz, desde el cielo, hoy nos ilumina.
Acompañamos con profundo respeto a sus hijas Carmen Elida y Lupe. David pierde a un prócer de la alegría, pero el cielo gana al más ameno tertuliano.