- miércoles 29 de junio de 2011 - 12:00 AM
La isla del encanto y el desencanto
Una prueba tangible de que el sistema colonialista sigue vigente en América es el caso de Puerto Rico. Desde que usted llega a San Juan, capital del Estado, se sorprende al leer en grandes carteles: ‘Bienvenido a los Estados Unidos’, pero al lado debe decirse ‘perdón, a Puerto Rico’.
Desde que los norteamericanos se apoderaron de la isla, la cual arrebataron a los españoles con motivo de la guerra hispanoamericana, cuyo motivo principal era la posición de Cuba, se vio muy clara la intención del tío Sam: establecer abiertamente una colonia en Puerto Rico y un Estado semicolonial en Cuba, amparados por la enmienda Platt.
A pesar de que en teoría, Puerto Rico es un Estado Libre Asociado, en la práctica forma parte del territorio ‘yanqui’ y allí se aplican las leyes que impiden cualquier asomo de independencia de los puertorriqueños.
Si Estados Unidos considera ese territorio como su propiedad o como derecho de conquista en una guerra de rapiña, la de 1898 contra España, debieran procurar llevar el nivel de vida de los auténticos dueños de la isla, pero a la sombra de la bandera de ‘las barras y las estrellas’, mientras un progreso económico beneficia a puertorriqueños de mentalidad colonialista y a inversionistas norteamericanos y europeos, esa riqueza no permea a las capas humildes. Una prueba es que han aprobado una ley laboral obsoleta que establece que para que un trabajador logre permanencia tiene que laborar en forma continua durante dos años, cuando antes era tres meses.
En Puerto Rico hay dos partidos de izquierda, uno Progresista y el otro Independentista, pero están divididos, lo que favorece a los Estados Unidos y a sus cipayos de mente colonialista, por lo que vemos muy remoto el día en que este desdichado pueblo logre su plena independencia. Durante un encuentro al que asistimos recientemente en Puerto Rico, observamos que persiste la lucha de los puertorriqueños para lograr su independencia y soberanía total.
Otras potencias como Holanda, Francia y Dinamarca han liberado el sistema colonial que tenían en las Antillas y en el territorio continental americano, pero los Estados Unidos no abandonan la isla de Borinquen.
La finalidad de los Estados Unidos es controlar territorios y mares estratégicos para llevar a cabo su ambición de dominio mundial, lo que consideran como una extensión de la Doctrina Monroe y del Destino Manifiesto, pilares que norman la política exterior del tío Sam.
EL AUTOR ES PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO