• jueves 05 de marzo de 2026 - 12:00 AM

Infanticidio en la escuela de MINAB

No es triunfo el estruendo: es cobardía,/ ni es furia el nombre de este horror sagrado,/ es un abismo de odio programado/ que el mando disfraza de hidalguía.

​Toda una infancia, flor y semilla/ de la mujer que el campo vio naciendo,/ es cenizas del poder que va urdiendo/ para ocultar su propia pesadilla.

​¡Maldita sea la mano que normaliza/ segar la humanidad de nuestras hijas/ mientras el gran señor se inmuniza!

Huyen de Epstein y sus pandillas,/ limpiando en sangre y polvo la divisa,/ con la hipócrita paz de sus rendijas.

La Niña como Botín de Guerra

​El 3 de marzo de 2026, el mundo observa con indiferencia criminal cómo se intenta higienizar la masacre en el sur de Irán. Pero las palabras no pueden ocultar el escombro. En las tierras campesinas de Minab, la escuela no era un objetivo militar; era el último refugio de esperanza para las niñas de una región que ya vivir y sobrevivir bajo el yugo de la opresión. Matarlas es un infanticidio de Estado que nos despoja a todos de nuestra condición humana.

​En Irán, la mujer ha sido el relámpago que anuncia la tormenta. Hoy, su cuerpo es el residuo de una geopolítica de rapiña. En las aldeas de Minab, la escuela era el único camino hacia la luz. Matar la infancia en una escuela rural no es un hito militar.

​Las niñas de Minab son las nuevas víctimas de los predadores que habitaron las sombras de Epstein. En ambos escenarios, poderosos protegidos por el sistema disponen de la vida de las más vulnerables. Unos las usaron en islas de silencio; otros las usan hoy en desiertos de pólvora. El objetivo es saciar el hambre de control y ocultar sus propios demonios. Trump huye de los archivos que lo vinculan al depredador, y Netanyahu escapa de sus fantasmas judiciales. Ambos se inmunizan con la sangre de nuestras hijas. Normalizar este horror es la derrota definitiva de nuestra especie.