- domingo 30 de agosto de 2026 - 12:00 AM
Mitchell Doens nació en Colón el 26 de septiembre de 1946, pero más allá del lugar donde nació, fue Panamá el territorio que marcó profundamente su pensamiento y sus luchas. Su conciencia política comenzó a formarse desde muy joven; fue dirigente estudiantil, economista, escritor, servidor público, militante y dirigente político. Detrás de cada una de esas responsabilidades hubo siempre una característica que quienes lo conocieron reconocen, Mitchell tenía pensamiento propio y no tenía miedo de defenderlo, fue un hombre de convicciones. Y eso, en la vida de todo ser humano, tiene un valor enorme, porque las convicciones no siempre producen coincidencias; algunas veces generan diferencias, debates y hasta confrontaciones, pero también son las que permiten que una persona deje una huella.
Mitchell nunca fue indiferente, siempre tuvo una posición, una opinión, una lectura de la realidad y una idea de país que defender. Antes de ser secretario general; antes de ser ministro; y antes de ocupar responsabilidades partidarias, fue un joven que quiso entender a Panamá y decidió comprometerse con su futuro.
Desde los orígenes del Partido Revolucionario Democrático, estuvo vinculado a la construcción de este colectivo. Fue primer subsecretario del Comité Ejecutivo Nacional y participó activamente en la reorganización del partido en momentos difíciles. En 2009 asumió la Secretaría General del PRD, desde donde defendió con firmeza sus ideas y participó en debates importantes para la vida interna del partido y para la discusión política nacional.
Podíamos coincidir con él o discrepar de él, pero nadie podía negar su compromiso.Queremos recordar a Mitchell como el compañero de largas conversaciones; al hombre que discutía, preguntaba y analizaba; al hombre que podía ser firme e incluso incómodo, porque creía que las ideas debían defenderse.
Hizo amigos y también adversarios, pero nunca pasó por la política dejando indiferencia. La política puede tener diferencias; lo que no puede perder es la humanidad.Hoy quedan los afectos, los recuerdos, las conversaciones, las enseñanzas y, sobre todo, la historia compartida.
A su familia queremos expresar nuestra solidaridad y cariño. Sabemos que para ustedes, se va el padre, el esposo, el familiar, el amigo y la persona que compartió con ustedes la vida, sus momentos difíciles y también sus alegrías.
¡Hasta siempre, Hermano Lobo!
Mitchell Doens nació en Colón el 26 de septiembre de 1946, pero más allá del lugar donde nació, fue Panamá el territorio que marcó profundamente su pensamiento y sus luchas. Su conciencia política comenzó a formarse desde muy joven; fue dirigente estudiantil, economista, escritor, servidor público, militante y dirigente político. Detrás de cada una de esas responsabilidades hubo siempre una característica que quienes lo conocieron reconocen, Mitchell tenía pensamiento propio y no tenía miedo de defenderlo, fue un hombre de convicciones. Y eso, en la vida de todo ser humano, tiene un valor enorme, porque las convicciones no siempre producen coincidencias; algunas veces generan diferencias, debates y hasta confrontaciones, pero también son las que permiten que una persona deje una huella.
Mitchell nunca fue indiferente, siempre tuvo una posición, una opinión, una lectura de la realidad y una idea de país que defender. Antes de ser secretario general; antes de ser ministro; y antes de ocupar responsabilidades partidarias, fue un joven que quiso entender a Panamá y decidió comprometerse con su futuro.
Desde los orígenes del Partido Revolucionario Democrático, estuvo vinculado a la construcción de este colectivo. Fue primer subsecretario del Comité Ejecutivo Nacional y participó activamente en la reorganización del partido en momentos difíciles. En 2009 asumió la Secretaría General del PRD, desde donde defendió con firmeza sus ideas y participó en debates importantes para la vida interna del partido y para la discusión política nacional.
Podíamos coincidir con él o discrepar de él, pero nadie podía negar su compromiso.Queremos recordar a Mitchell como el compañero de largas conversaciones; al hombre que discutía, preguntaba y analizaba; al hombre que podía ser firme e incluso incómodo, porque creía que las ideas debían defenderse.