• domingo 30 de septiembre de 2012 - 12:00 AM

Hasta luego, amigos míos

He reflexionado profundamente en estos días sobre cómo le gustaría a alguien que se le recuerde cuando ya no esté físicamente entre los ...

He reflexionado profundamente en estos días sobre cómo le gustaría a alguien que se le recuerde cuando ya no esté físicamente entre los suyos. ¿Qué legado desearía dejar? Si dijo a los suyos cuánto los amaba; que fueron parte de su crecimiento. ¿Cuántas oportunidades de compartir fueron desaprovechadas?, ya que siempre hubo ‘algo más importante que hacer’.

Recuerdo cuando conocí a Tilcia Itzel Góndola, ‘Fifi’, en los años 70, ella, Anayka y Francia estaban en el Moscote, mientras que Yira Pérez, Katia Ramírez y yo estábamos en el Instituto Nacional; Evita vivía en Panamá Viejo.

Participábamos en la Federación de Estudiantes de Panamá, fuimos a trabajos voluntarios en los asentamientos Jesús María, Caimitillo Centro y Juan Hombrón. Éramos y somos de esa generación comprometida con la gente que menos tiene, provenientes de barrios populares, participamos en las campañas de alfabetización.

Sembramos nuestras semillas en comunidades tanto o más deprimidas que las nuestras. ‘Fifi’, Anayka y yo vivíamos en Curundú; ‘Fifi’ al lado de su madre, Eunice, y de sus hermanos. Siempre fue una hermosa negra con una sonrisa extraordinaria. Luego, en la Universidad, ella estudió Periodismo y yo Agronomía. Viaja a España a especializarse y regresa con la maestría y el doctorado.

Nos volvimos a encontrar en la Facultad de Comunicación en el 2009, con la colaboración de Carlos, quien me guió para ver qué materias podía tomar. Una de ellas fue Opinión Pública, con el Dr. Harry Iglesias, al que conocí en 1993 junto a Hipólito Donoso, Franklin Bósquez y Marcos Calderón. Al entrar a su aula de clases se sonrió y me preguntó ¿qué haces aquí? y le contesté: ‘He quedado sin energía interior que necesito llenarla de conocimientos’.

Disfruté cada hora de clases con él, me transportaba mientras leía sus libros y sus artículos. Su personalidad tan particular nos hacía reír cada vez que con sus ironías nos enseñaba que la vida hay que disfrutarla a su máxima expresión; y otras veces me trasladaba y recordaba esas voces que desde niña escuchaba, cuando mi abuela oía las radionovelas; son esas voces privilegiadas que cuando las escuchas no puedes cambiar de emisora porque las disfrutas a plenitud.

He perdido grandes amigos en estos días; nos faltó encontrarnos para que juntos habláramos del Panamá de hoy. Ellos siempre me decían ‘no importa de dónde vengas, lo importante es saber lo que deseas y hacia dónde quieres ir’.

Gracias amigos, hasta siempre.

*FUE CANDIDATA PRESIDENCIAL.