La chica, envalentonada, saltaba en el ring. Después de venir recibiendo de todo, dentro y fuera del cuadrilátero instalado en el distrito de Arraiján, ganó un asalto de la pelea cuyo trofeo era sacarla de circulación cuando apenas estaba montada en el potro.
Unos contrincantes empezaron a ablandarla con la apertura del proceso de revocatoria de mandato, pero la iniciativa se fue desinflando a medida que se agotaba el plazo. Porque esos combates duran poco: pocos meses para recoger firmas y contar si el proceso avanza o no.
La chica está celebrando, o mejor dicho, empezó a celebrar antes del pitazo final, cuando vio que el oponente ya estaba derrotado y que no había posibilidades humanas de que se levantara y siguiera en el combate.
Así pasa. Ella venía recibiendo golpes desde todas las esquinas y se mantenía quieta, esperando. En su mente confiaba en que algo cambiara a su favor. Y así ocurrió.
Ganó este asalto, pero tiene el rancho ardiendo desde mucho antes de tomar la decisión de demoler el monumento chino que estaba al otro lado del puente. Con esa demolición quedó debilitada, pero el asalto ganado con la no revocatoria de mandato le da nuevos bríos. Ojalá que los use para demoler otras estructuras del distrito, porque ya dice el refrán: cría fama y acuéstate a dormir.