• sábado 17 de octubre de 2026 - 12:00 AM

Estado y gobierno no son lo mismo. El Estado somos todos; el gobierno administra

En Panamá, lamentablemente, una gran mayoría de la población confunde, frecuentemente, dos conceptos que no son lo mismo: Estado y gobierno.

La confusión no es inocente, porque quienes los mezclan, terminan creyendo que criticar a un gobierno es atacar a la patria, o que los bienes públicos son propiedad de quienes ganan una elección.

El Estado es la organización política permanente de la nación: un territorio, una población y un poder soberano regido por una ley máxima que es la Constitución que, por cierto, en Panamá nos falta una.

El Estado incluye los tres órganos que lo integran : Ejecutivo, Legislativo y Judicial, además de instituciones autónomas, la Fuerza Pública, los municipios (que en Panamá no hay), y el patrimonio común.

El Canal, por ejemplo, no pertenece a ningún gobierno, ni partido: es del Estado panameño, es decir, de todos.

El gobierno, en cambio, es transitorio. Es el equipo que, por mandato electoral, dirige el Órgano Ejecutivo durante cinco años: el presidente, sus ministros y su programa. Los gobiernos llegan y se van; el Estado permanece. Por eso los ministros cambian con cada administración, pero la Constitución, las instituciones y las obligaciones internacionales continúan.

Esta distinción tiene consecuencias prácticas:

Primero, protege la crítica legítima: oponerse a un gobierno es un derecho democrático, no una falta de patriotismo.

Segundo, limita el abuso: los recursos del Estado, como vehículos, planillas, publicidad oficial o programas sociales, no pueden convertirse en herramientas de campaña ni en botín político.

Tercero, exige continuidad institucional.

En nuestro país, la tentación de capturar el Estado desde el gobierno ha sido recurrente. Se expresa en el nombramiento de familiares y allegados, en la persecución de funcionarios de carrera por razones políticas y en la idea de que “ahora nos toca a nosotros”. Cada vez que sucede, se debilita aún más la institucionalidad que debería servir a todos.

Los ciudadanos podemos y debemos ayudar. Exijamos, en la Nueva Constitución, servidores públicos de carrera, instituciones independientes, transparencia y rendición de cuentas.

Entender la diferencia entre Estado y gobierno, es el primer paso para construir y defender la democracia participativa.

La participación decidida de los ciudadanos en una Nueva Constitución, será un paso determinante para que el Estado seamos todos.