• martes 31 de mayo de 2011 - 12:00 AM

‘…Entre abogadoso juristas’

En tiempos no tan distantes, para llegar a ser abogado se exigía ‘quemarse las pestañas’ indagando las obras de los maestros, y someters...

En tiempos no tan distantes, para llegar a ser abogado se exigía ‘quemarse las pestañas’ indagando las obras de los maestros, y someterse al riguroso código de conducta exigido al letrado. Más tarde, el estudio del Derecho reduciría sus exigencias, centrando su atención en el conocimiento del contenido literal de la ley y en el manejo de sus procedimientos. Las últimas generaciones terminaron distanciadas de los textos y de los códigos, convencidas de que las relaciones y contactos eran las vías ideales para el triunfo. Muy pronto, la sociedad se llenó de ‘graduados’ carentes de la mínima vocación por la investigación jurídica, una escasa sensibilidad social y un limitado compromiso por la defensa del Estado de derecho.

Las cuestionadas carencias formativas de muchos profesionales del Derecho son un asunto más que académico. El respeto por el mérito, el cultivo de la ciencia, y muchos otros valores intelectuales, en el presente, son actitudes degradadas al rango de ‘pasatiempos tradicionales’, y como tales, excluidas del perfil del profesional pragmático y de éxito de la sociedad de consumo. El deseo de superación por llegar a ser un ‘jurista’ y docentes de la talla de los siempre presentes Torres Gudiño, Ricord, Quintero, Garay y Carrillo fue un desafío que aceptamos muchos estudiantes, que desafortunadamente, no hemos sabido transmitir a las jóvenes generaciones. La satisfacción en ‘graduarse’ para dedicarse al oficio de defender en la arena judicial intereses ajenos, resulta ser una meta egoísta, huérfana de ideales colectivos, sin conocer que el mandato lleva a incitar el compromiso de luchar por el predominio de la ley, condición necesaria que reúne la justicia.

A los nóveles autores de las múltiples publicaciones que integran nuestra bibliografía científica, poco les inspira el lucro, y para colmo, su producción pasa desapercibida sin recibir siquiera el reconocimiento que una osadía intelectual de tal magnitud merece. Los estudios superiores especializados, que hasta ayer escaseaban, hoy aparecen disponibles por doquier, dudando que este avance sea suficiente para crear el ambiente adecuado para el auge de las ciencias jurídicas. Los seminarios de actualización que se dictan, tampoco revelan un síntoma de mejoría, pues solo interesan a la clientela como artículo de utilidad curricular. En lo cotidiano, los términos ‘abogado’ y ‘jurista’ se emplean como sinónimos, a pesar de sus notorias diferencias: el primero se entrenó para vivir del Derecho; el segundo moldeó un pensamiento y espíritu rebelde para vivir en una sociedad regida por el derecho y el imperio de la ley.

EL AUTOR ES ABOGADO