• viernes 24 de febrero de 2012 - 12:00 AM

Engaño a la mujer

Panamá es una sociedad machista, porque es una sociedad que discrimina. Se discrimina a la mujer, se discrimina a los viejos, a los indí...

Panamá es una sociedad machista, porque es una sociedad que discrimina. Se discrimina a la mujer, se discrimina a los viejos, a los indígenas, a los asiáticos, a los negroides, a los pobres, a los no católicos, a los iletrados, en fin, a todo el que no tenga un estereotipo de poderoso, siendo su principal cualidad el poseer recursos económicos para que no lo discriminen o, por lo menos, para que lo discriminen menos.

En el escenario político se ha propuesto, como disco rayado, la igualdad de género en las postulaciones. Esta vez, la Comisión Revisora del Código Electoral ha propuesto la ingenuidad de que los partidos políticos postulen igual cantidad de mujeres que hombres para darle a las mujeres igualdad de oportunidades de ser elegidas. La fórmula es un galimatías, porque hay cargos en que solamente se postula un candidato, presidente, alcaldes, representantes y diputados, a excepción de los circuitos plurinominales.

¿Cómo lograr la equidad? En las corporaciones, tales como Asamblea Nacional o Consejos Municipales, asignar que la mitad de los cargos a elegir serían mujeres, compitiendo solo entre mujeres y la otra mitad hombres, compitiendo solo entre hombres; así habría mitad mujeres y mitad hombres, solo que esto chocaría más directamente con el precepto constitucional de que no habrá fueros ni privilegios por razón de sexo.

Aunque logren postular igual cantidad, con el sistema actual, como se plantea, o hasta más cantidad de mujeres, seguirán imponiéndose los hombres, porque como decía, en una sociedad machista todo apunta a facilitarle oportunidades a los hombres, es más, también corre en contra de las mujeres que el hombre ha desarrollado una mayor experiencia y actitud de corrupción, y al final seguirá siendo una minoría de mujeres la que integre las corporaciones escogidas por elecciones.

El camino es hacer nuestra sociedad más justa, culta e ilustrada, donde nadie, o los menos, sienta complejos de superioridad, si no que respetemos a todos como iguales. Las células de los Estados son los ciudadanos. Ciudadanos plenos que sepan ejercer sus derechos y cumplir con sus deberes.

Viene otro 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, y pasará con las mismas ingenuidades de siempre. Mientras no cultivemos valores, seguiremos —como sociedad— discriminando todo lo que en la cadena social sea eslabón débil y la igualdad de género seguirá siendo una quimera.

Para equidad de género, equidad en todo. Una equidad no puede ir antes que otra…

EL AUTOR FUE PRECANDIDATO PRESIDENCIAL