• viernes 08 de agosto de 2014 - 12:00 AM

Elogio del taxista

Ni un atributo positivo arrojará una muestra de Dichter and Neira

Son seres que no queremos imaginar. Pero que forman parte del día a día de cualquier ciudad. Ni un atributo positivo arrojará una muestra de Dichter and Neira..En las estadísticas estarían, como se dice, para el pierde en popularidad. Sin embargo están ahí, mal necesario de lo cotidiano de la ciudad que se ahorca sola.

Se trata de los imprescindibles de la mañana o de la tarde. No se sabe de dónde viene, ni cuál es su destino final, pero le mendigamos la carrera con la mano extendida en cada esquina, como almas en pena o fantasmas desorbitados, si la lluvia decidiera entrar a escena.

No tienen rostros ni voces, ni siquiera emiten el gutural ‘yo no voy’, porque de hecho no lo emiten. Es leyenda urbana, pues hemos aprendido a interpretar sus señas, antes de recordarles a sus mamacitas, no solo porque nos dejó abandonados, sino por la sensación de desamparo, como si el padre de uno dejara el hogar para siempre.

Para muchos es un ser desalmado. Hay de todo: el ‘ruletero’ elige su área de acción y solo da la vuelta; el ruta interna es un aventurero, transgrediendo las reglas de tránsito, lo encuentras a diestra y siniestra; el pirata que cambia el costo de la carrera sobre la marcha, de acuerdo al temperamento del tráfico; aquel que tiene alma de diablo rojo, puede llevar hasta cuatro carreras, y se le permite, porque ‘me estoy defendiendo’, dice. También están los predicadores, música de iglesia y la Biblia manoseada sobre el tablero, hablando del fin de los tiempos; los filósofos del timón, su tema es el pasado o el futuro político del país; están los que solo son pura oreja, usted les habla de su trance inmediato, cosas del corazón y nada. Hay también los que hablan solos, aunque les respondas no es contigo la cosa.

Las calles pueden ser una inmensa ‘fiebre amarilla’ de taxis. Ninguno va. El ciudadano de a pie acude al ruego, al apremio, hasta se subasta y una carrera que debe estimarse en dos, puede llegar hasta cinco dólares.

Los taxistas son una raza, especie de bestia indómita que se alimenta de cuotas y de semáforos y de tranques. Su preocupación es el costo de la gasolina, si las ‘bombas’ estallan vocifera y se olvida de Dios, pero en el fondo son gente como uno.

* Poeta y escritor