• viernes 19 de junio de 2026 - 12:00 AM

El proceso

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En Panamá, el tráfico de influencias, mejor conocido como “la rosca”, no es otra cosa que la subordinación del mérito a los intereses personales y los afectos dentro de cualquier proceso de selección o contrastación. Bajo esta lógica, el talento y el esfuerzo pasan a un segundo plano, mientras las oportunidades se distribuyen según las conexiones de cada individuo.

Cada vez que se produce un cambio de gobierno, el Estado se remece porque cada administración llega acompañada de su propio equipo, integrado muchas veces por miembros del partido oficialista o personas cercanas a quienes ejercen el poder. Este comportamiento, guardando las proporciones, también se observa en otros ámbitos nacionales, como si se tratara de una práctica aceptada culturalmente.

No es un fenómeno exclusivo de la política. En numerosas empresas privadas y organizaciones se repiten patrones similares. Incluso, en instituciones de gran prestigio existe la percepción de que ciertos vínculos familiares o personales facilitan el acceso a determinadas posiciones, alimentando la sensación de que algunos parten con ventajas que otros no poseen.

Ni siquiera el deporte escapa a esta realidad. Con frecuencia surgen debates sobre los criterios utilizados para conformar selecciones nacionales o equipos competitivos, generando dudas sobre si siempre prevalecen el rendimiento, la capacidad y los méritos deportivos.

¿Cuántos Kadir Barría, Víctor Griffith o Estevis López pierden oportunidades cada día por esta forma? ¿Cuántos talentos quedan relegados porque las decisiones se toman en función de intereses, afectos o relaciones personales?

Panamá solo podrá desarrollar plenamente su potencial cuando los mejores ocupen cada posición, independientemente de su apellido, filiación política o círculo de amistades. La meritocracia no garantiza la perfección, pero sí ofrece mayores oportunidades para que el talento florezca.

Todos los modelos de desarrollo nacional incluyen la captación de talento humano como factor fundamental para el crecimiento. No se trata de un caso particular, sino de reflexionar sobre la forma en que los panameños acceden a las oportunidades.

Mientras se siga normalizando “la rosca”, seguiremos limitando nuestras oportunidades de crecimiento.