Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.
Agrega El Siglo en Google ↗️Ayer, 9 de agosto, se conmemoraron 209 años del nacimiento de Justo Arosemena. Es obligatorio detenernos para rendir tributo a una de las personalidades más ilustres de Panamá y a quien, con toda justicia, consideramos padre de la nacionalidad panameña.
Justo Arosemena nació en 1817, cuando Panamá era una provincia del Virreinato de Nueva Granada, y murió en 1896, cuando el istmo formaba parte de la República de Colombia. A lo largo de sus 78 años fue jurista, estadista, escritor, político, profesor, orador, economista, codificador, reformista, historiador y diplomático. Fue, en el sentido más amplio del término, un polímata: un hombre cuya curiosidad y conocimiento abarcan campos diversos de las ciencias, las artes y las humanidades.
Como estadista, desarrolló una intensa labor en favor de una mayor autonomía del istmo dentro de Colombia, convicción que encontró su expresión más acabada en sus ideas sobre el federalismo como sistema de gobierno.
Como resultado de las propuestas políticas que presentó ante el Congreso colombiano en 1855 se creó el Estado Federal de Panamá, del cual Justo Arosemena fue su primer presidente.
Su trayectoria política continuó desarrollándose dentro de la compleja estructura institucional de Colombia, que después de la Constitución de Rionegro de 1863 se convirtió en una república federal integrada por nueve estados soberanos.
Pero quizá su mayor aporte fue haber formulado, con una claridad extraordinaria para su tiempo, la idea de que los habitantes del istmo constituían una nacionalidad con características propias y diferenciadas de las del resto de Colombia.
Su obra “El Estado Federal de Panamá” constituye una pieza fundamental del pensamiento político panameño. En ella expuso de manera contundente las razones por las cuales la particular geografía y posición del istmo exigían un régimen de mayor autonomía. Arosemena entendió antes que muchos otros que la posición geográfica de Panamá no era una circunstancia menor, sino el elemento alrededor del cual se había construido y continuaría construyéndose nuestra historia.
En su honor se celebra en Panamá el Día del Abogado, cada 9 de agosto. Con motivo del bicentenario de su nacimiento se recopilaron y publicaron sus obras, se acuñaron monedas y se establecieron becas, además de emitirse estampillas y billetes de lotería. Pero, por encima de todos esos homenajes materiales, hubo uno mucho más importante: se hizo docencia sobre su pensamiento y sobre la trascendencia de su legado.