• martes 31 de mayo de 2011 - 12:00 AM

Dos vueltas

Hace un par de semanas, los ciudadanos debatíamos sobre el alto costo de los alimentos, la sensación de inseguridad, la crisis crónica d...

Hace un par de semanas, los ciudadanos debatíamos sobre el alto costo de los alimentos, la sensación de inseguridad, la crisis crónica del agua, la compra de los corredores por quinientos millones más de lo que valen, la Tuza de trescientos millones o más, la afectación del Casco Antiguo por las obras de Odebrecht, el financiamiento de Murcia a ciertas campañas en el 2009, la ausencia de atención a las víctimas de la Ley 30 y de la Ley 8, la desidia para con los envenenados por el dietilenglicol y para con los miembros del Movimiento 23 de octubre y, de repente, los estrategas del Gobierno nos dan dos vueltas y nos ponen a discutir sobre la segunda vuelta electoral, y de vuelta, sobre la ruptura de la Alianza CD – Panameñista.

Para empezar, la segunda vuelta electoral es inconstitucional, ya que va en contra de los artículos 148 y 177 de la Constitución Política, además, le costaría al país entre ocho y diez millones de dólares, cada vez que se haga, no resolvería el hipotético cuestionamiento de la legitimidad, a menos que se establezca el voto obligatorio y la realidad es que, en cuatro de las últimas cinco elecciones, el candidato ganador ha sacado más del porcentaje que exigen otros países para no tener que hacerla. ¿Por qué la necedad, entonces?

A todas luces es evidente que, además de ser una maniobra distractiva muy efectiva, el tema es una señal más para los panameñistas de parte del partido del presidente Martinelli, de que no los quieren en el Gobierno. Solo que los panameñistas han decidido que no van a renunciar, a pesar de las constantes humillaciones de parte de sus ‘aliados’ y los CD han decidido que los van a humillar hasta que renuncien. En medio de este divorcio político por maltrato, los grandes temas nacionales que requieren de la atención y las energías de gobernantes y gobernados se echan a un lado porque la realidad es que el Gobierno no tiene respuestas, solo tiene cuñas.

Pero este divorcio político nos da ciertas pistas a los demás panameños de cosas que sí son importantes. De los ataques del CD al Panameñismo surgen dos posibilidades: o el presidente Martinelli ha perdido total control de su partido, o el presidente Martinelli no tiene palabra. Si es lo primero, el Gobierno debe estar caótico, si es lo segundo, entonces, Ricardo Martinelli nos dará dos vueltas y solo cumplirá las promesas que le dé la gana.

EL AUTOR ES ABOGADO Y PRESIDENTE DEL PARTIDO POPULAR ( PP)