• domingo 08 de marzo de 2026 - 12:00 AM

Deuda histórica y el grito de las que no esperan

El 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, una fecha que representa la memoria de las luchas de millones de mujeres que, a lo largo de la historia, se han enfrentado a la desigualdad, el maltrato, la exclusión y la injusticia.

Esta conmemoración nos recuerda también las importantes conquistas alcanzadas gracias a esas luchas: el derecho al voto, la participación política, el acceso a la educación y los derechos laborales, avances fundamentales para el fortalecimiento de nuestras sociedades democráticas.

Pero esta fecha no es una pausa en el calendario ni un simple homenaje al pasado. Representa la continuidad de una lucha que hoy asumen con fuerza las nuevas generaciones. Las jóvenes de las generaciones Z y Alfa han comprendido que su voz no es un eco distante, sino la continuación de un camino abierto con valentía por otras mujeres que enfrentaron grandes sacrificios para conquistar derechos y abrir oportunidades.

Hoy la juventud femenina exige más que visibilidad: exige justicia tangible, igualdad real y respuestas efectivas de las instituciones. No se trata únicamente de protesta, sino de un compromiso firme con la acción colectiva para profundizar los avances alcanzados y corregir las desigualdades que aún persisten.

En Panamá, las mujeres han desempeñado un papel decisivo en la construcción del país, desde la educación y la organización comunitaria hasta el liderazgo político, social y profesional. Cada avance ha sido fruto de la determinación, la perseverancia y el compromiso con el bien común.

Sin embargo, los desafíos del presente plantean nuevas responsabilidades. Las mujeres jóvenes enfrentan hoy un escenario marcado por acelerados cambios tecnológicos y la transformación del mundo del trabajo. Por ello, es fundamental cerrar la brecha digital de género y garantizar acceso a educación tecnológica, formación científica y herramientas digitales, para que las nuevas generaciones participen plenamente en los sectores que definirán el desarrollo del siglo XXI.

En este contexto, fortalecer las instituciones que promueven los derechos de las mujeres es esencial. El debilitamiento o cierre del Ministerio de la Mujer representaría un retroceso frente a los avances logrados tras años de lucha.

“Los derechos de las mujeres no se negocian, no se retroceden y no se silencian”.

Hoy la juventud femenina exige más que visibilidad: exige justicia tangible, igualdad real y respuestas efectivas de las instituciones.