Nuestro artículo de 9 de julio de 2002, similarmente titulado, en otro diario, exponía que: “La desnutrición y el hambre es un fenómeno.../... que sufre nuestro país.../” al referirnos a determinadas muertes por hambre, que se daban en Arraiján y Divalá.
Exponía que esas muertes eran “...solamente ojos de agua que alimentan el río; quizás el epicentro del problema permite vislumbrar la necesidad de tierra, trabajo y alimentos, de un pueblo angustiado. Que la muerte, “...era producto de la mala distribución de la riqueza”, y hoy en el 2026, pudiera repetirse en espiral. Situación que ya vislumbramos con un gobierno pro empresarial, no social.
A finales de 1994, denunciamos “...la existencia, en el oriente chiricano, de la reaparición de enfermedades erradicadas en Panamá, como la tuberculosis. Que la Salud igual para todos se quedaba en la metrópolis, porque nuestros aborígenes no generan riqueza”. Esquema y pregón de políticos ambiciosos y corruptos.
Preocupante, expresaba, “...una explosión social, que cualquier cerillo pudiera encender”. Es necesario convencerse que cuando la población despierte y dejemos de tratar a los políticos como divinidad y les paguemos no más de dos salarios mínimos, tal cual debe ser su emolumento (porque es un empleado más que generalmente no rinde).
Con CERO tolerancia a la corrupción el país saldrá fortalecido y tendremos una verdadera nación, como Singapur, Corea del Sur, China e Irlanda.
No existe razón para brindarle canonjías (vehículos, combustible, celulares, viáticos, etc.) a diputados, ministros y otros políticos, especialmente de elección popular (algunas veces elecciones amañadas o dudosas), cuando su función generalmente no cubre las 40 horas semanales fiscalizadas, de trabajo real y verdadero, en su sitio de labores.
Mientras aumenta el desempleo, muchos políticos engrandecen su fortuna, pero los asaltos, hurtos, robos, secuestros y crímenes se incrementan a pesar del acrecentamiento del pie de fuerza policial y la aventura de alcaldes de mantener una policía semi militar a su servicio. Todo, quizás con la intención de amedrentar a la población e impedirle protestar en las calles. Soy el hijo de Juana. Dios te salve, Panamá.