- martes 18 de octubre de 2022 - 12:00 AM
Los “Descubridores” al descubierto
No hay por qué sorprenderse del desinterés que con el paso de los años, en nuestro medio viene recibiendo la celebración del 12 de octubre. Y la historia tampoco apoya mucho, pues los relatos sobre “el encuentro de dos mundos”, se siguen repitiendo con tono melancólico, como que si para la historia de los “pueblos originarios”, algo trascendente debe representar la llegada de los españoles a la América.
Si nuestros “indígenas” hubieran carecido de religión y de un idioma, entonces por semejantes aportes culturales, sería eterno nuestro agradecimiento con la “Madre Patria”. La verdad es que de poca utilidad nos sirvió lo que esas hordas malolientes trajeron de esas 3 calaveras. Por el contrario, cargaban una se incontrolable de riquezas y fortunas, para lo cual les extinguieron, les despojaron sus tierras, todo un in justo “vía crucis” que siguen soportando a pesar de los siglos transcurridos.
Hoy día, en los discursos de paz sostenidos por los países poderosos, sobran espacios dedicados a atender las reclamaciones milenarias “los pueblos amerindios”, pero contrario a ello, sus condiciones de vidas son más indignas.
Resulta paradójico que ante el impacto negativo que sobre la humanidad trae la desforestación de selvas y bosques, las comunidades indígenas sean las que enfrentan los que resisten a cosa de sus propias vidas, esos mismos instintos depredadores que trajeron a estas tierras aquellos aventureros europeos.
Tal como ayer, “los cholos” enfrentan un sistema de ideas y creencias, que a punta de mentiras les promete disfrutar los beneficios de la “civilización”, a cambio de que “entierren el hacha de guerra”, y sigan aceptando la docilidad de los amos.
Con el orgullo que los “afros” pregonan que “the black is beautifull” (lo negro es bello), los indios también se expresan sin complejos “que quieren seguir siendo indios”, un justo anhelo ancestral que no les debe privar del derecho de recibir educación, salud, y la posibilidad de vivir amando la naturaleza, bailando sus danzas y escuchando sus historias ancestrales.
La sociedad panameña debe liberarse de esos perjuicios heredados del “amo blanco”, los que sólo nos sirven para excluir a nuestros “hermanos amerindios”.
Abogado