- lunes 30 de mayo de 2011 - 12:00 AM
¿Democracia despótica?
¿DEMOCRACIA DESPÓTICA?
El ejercicio descontrolado del poder político en nuestro medio, no deja de ofrecernos, cada vez más, espectáculos que degradan la frágil institucionalidad, la propia estructura nacional y a toda la sociedad panameña.
Las depravaciones que caracterizan las diferentes actuaciones de los directivos de los, todavía, Órganos del Estado, estado fallido en que vivimos, están ya casi en la cima de la disgregación a la que los conducen la corrupción que los motiva y sin la cual, no son capaces ya de funcionar. En esa danza de megaproyectos y millones, se ven acompañados de un sinnúmero de las llamadas ‘instituciones autónomas y semiautónomas’, que también han ingresado complacientes y dispuestas a echar sus pasitos.
El país se desfigura ante nuestros ojos, gracias a la tenacidad de los que han corrompido a la sociedad, degradando cualquier significado que se le pueda atribuir a la democracia participativa. Su fanático e incontrolable monopolio del poder partidocrático, fagocitándose los unos a los otros, no desmaya en su cotidiano empeño de hacer la vida de los ciudadanos, un verdadero infierno.
La ‘democracia despótica’ toma más forma día a día, ya no solo por la multiplicidad de dirigentes fracasados, tránsfugas o deslegitimados, que se han llenado de prebendas y privilegios, que se han enriquecido de manera inexplicable, que se regordean en el nepotismo, la desigualdad, el abuso de poder, y una cada vez más pesada e inútil burocracia, que desprecia a los ciudadanos.
Cegados y fanatizados por su incapacidad y mediocridad, están convencidos de que con sus golpes e intimidaciones a las libertades públicas, con sus planes que favorecen la pobreza y las desigualdades, van a poder consolidar su democracia despótica, cada día más desprovista de legitimidad y legalidad.
Los ciudadanos no podemos permitir seguir siendo traicionados y engañados por quienes hacen lo imposible para impedir la felicidad del pueblo. Es por ello que debemos redoblar nuestra preparación y acción, para ponerles un alto a quienes William Shakespeare describía, atinadamente, como ‘parásitos detestables, empalagosos, en perpetua sonrisa, agentes de la ruina, lobos afables, osos humildes, juguetes de la fortuna, amigos de la cocina, moscas de la prosperidad, lacayos de gorra en mano y dobladas rodillas, serviles burbujas, vanidosos, resortes de reloj, que a cada minuto cambian…’
EL AUTOR ES ABOGADO Y CATEDRÁTICO UNIVERSITARIO.