- viernes 29 de abril de 2011 - 12:00 AM
Debate por el piso
Para muchos, el debate político en Panamá está por el piso, y no es para menos. La cultura de la simplicidad y la vaga deducción acerca de elementos cotidianos, que resultan de la suma de 2+2=4, son parte de las realidades imperantes con las que se resume habitualmente la situación sociopolítica y económica que vive el país. El costo y peso del pan, el subsidio a la gasolina de 91 octanos y al diésel, la publicidad estatal y los altos salarios de algunos funcionarios son algunos de los elementos que salen a relucir en el discurso político.
El contenido y la forma del discurso son factores esenciales para establecer el debate. La articulación de los mensajes, la precisión, la adecuación en tiempo y espacio, la solvencia moral del emisor y la tolerancia resumen la concepción básica para el discernimiento por parte de la población productiva del país, que muchas veces carece de tiempo para interpretar las complicadas variables.
La simplicidad elocuente en el discurso terminó devastando lo poco que quedaba en materia de debate. Sin la posibilidad de discutir a fondo los temas nacionales, la respuesta inmediata por parte de los actores fue la de sacar a relucir el precio del pan como ejemplificación de los males que aquejan a la sociedad. Con un poco más de criterio y sentido común se hubiese analizado que Panamá no es productor de trigo, por lo que se tendría que implementar políticas de Estado con miras a promover y subsidiar la producción de harinas a base de otros cultivos producidos en el país. Es tan solo un ejemplo de debate serio, ante un problema crítico como lo es el tema alimentario.
Achacarle al Gobierno Nacional el encarecimiento de los alimentos en base a factores externos como el precio internacional del petróleo, es irracional. Por el contrario, su responsabilidad directa en este sentido radica en estar de ‘brazos cruzados’ con la cadena de frío y las ‘jumbo’ ferias como aparente solución en medio de una crisis alimentaria mundial, en la que influye también los efectos del cambio climático y la descompensación de los mercados económicos. Entrar a debatir temas superficialmente y buscar responsables en un sistema, que aunque ofrece oportunidades, también resulta implacable con los más débiles, es muchas veces la forma más sencilla para justificar otro tipo de flagelos. Es complicado y no hay solución mágica, el debate en general está por el piso y lo único cierto es que sin debate serio y profundo, tampoco habrá ideas validadas.
EL AUTOR ES PERIODISTA.