• martes 24 de diciembre de 2013 - 12:00 AM

David y Goliat

Cuenta la Biblia que los filisteos amenazaban con conquistar ciudades de Israel y el rey Saúl salió con un ejército al encuentro de las ...

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Cuenta la Biblia que los filisteos amenazaban con conquistar ciudades de Israel y el rey Saúl salió con un ejército al encuentro de las fuerzas enemigas. Los invasores acamparon en la ladera de un valle y los israelitas en la ladera opuesta. Quien fuera a atacar, tendría que bajar al valle y volver a subir hacia el campamento enemigo, con lo que la batalla sería muy desventajosa para el atacante. Ante la parálisis, un guerrero filisteo llamado Goliat —quien era un gigante y curtido combatiente— baja al valle y reta a Israel a que le manden a su mejor hombre para que luche contra él, proponiendo que el bando de quien perdiera se sometería al otro. Nadie aceptó el reto hasta que un joven pastor llamado David dijo que él se enfrentaría a Goliat. Luego de mucho insistir — y ante la realidad de que nadie más se atrevía— el rey Saúl autorizó a David y le ofreció su armadura y su espada, lo cual David rechazó. David se lanzó contra Goliat — el cual se burló de los israelitas ‘por mandarle perros a pelear’ — y a una distancia prudente le lanzó una certera piedra con su honda, la cual se incrustó en la frente del gigante dejándolo inconsciente. En ese momento, David se acercó a Goliat y con su propia espada le cortó la cabeza. Esto hizo huir despavoridos a los filisteos.

Este relato siempre se presenta como la lucha del más débil que derrota al fuerte sorpresivamente. Sin embargo, los que analizan el encuentro con objetividad dicen que David tenía que ganarlo — y no solo se refieren a que David confió siempre en Dios y se entregó a su voluntad — hablan desde un punto de vista más mundano. Goliat, quien era un guerrero curtido y revestido de una armadura de bronce, era un gigante, como tal era pesado y lento, pero mortal en un combate cuerpo a cuerpo — que fue al que retó a Israel. David era ágil, rápido y muy certero con la onda; David dice haber matado con esa arma a leones y osos para rescatar sus ovejas. David ganó y tenía que ganar, porque no peleó como Goliat, sino que peleó como David: con fe, con agilidad, con velocidad y con certeza.

Eso mismo tenemos que aplicar en esta campaña electoral, en la que nos enfrentamos a un pesado gigante recubierto de bronce que nos reta a pelear con iguales armas; no caeremos en esa trampa. Vamos a enfrentarlo con agilidad, con velocidad, con certeza y con mucha fe, y estoy seguro de que, al igual que hizo David, lo haremos perder la cabeza y triunfaremos.

* PRESIDENTE DEL PARTIDO POPULAR